Cualquier profesor debería preguntárselo: ¿Inspiras?


Quizá sea por lo reciente de los últimos retoques al blog, o porque me he inyectado seguidas dos conferencias de las que dan energía. El caso es que me pongo a escribir. En la última de esas dos conferencias, Álvaro González Alorda daba ideas muy interesantes sobre lo que debe ser y hacer un profesor. Seguir leyendo Cualquier profesor debería preguntárselo: ¿Inspiras?

¿Desde la barrera?


Esta tarde me he encontrado con un amigo empresario. Hoy había pensado llamarle, curiosa casualidad (y eso que no estamos en Sevilla -lo siento por mis paisanos-). Él también había pensado algo parecido. Le he planteado la duda que tenía y al final hemos acabado hablando del blog. Mi sorpresa viene cuando al confesarle que lo tengo algo abandonado me contesta que ya lo sabe, que ha entrado alguna vez y ha leído algunos artículos.
Y aunque me parece raro escribir sobre cuestiones personales, llevo tiempo dándole vueltas a algunas ideas. Y como me he encontrado con mi amigo, ahí va:

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El sentido del humor


Recientemente hemos hablado sobre aprender a escuchar, la amistad y disfrutar de lo que hacemos. Es el turno ahora del sentido del humor. Y se puede empezar diciendo que el sentido del humor es un buen indicador de que se vive “hacia fuera”, en el sentido de que el centro de nuestra vida no está en uno mismo, en sus cosas, sino en los demás, en las cosas de los demás. Podría decirse, en consecuencia, que el que no tiene sentido del humor no es humilde, está demasiado lleno de sí, preocupado por sus cosas, vive a espaldas del mundo. Chateaubriand, nos ha hecho llegar un pequeño pensée de Joseph Joubert: la cortesía, afirma, es la flor de la humanidad; el que no es bastante cortés, no es lo suficientemente humano.

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Dudas


Dudas

Tengo dos frentes abiertos para el próximo post. No sé por donde empezar.

Un confidente de primera: aprende a escuchar. Así da gusto. Disfrutamos y seguimos adelante. ¿Dónde si no está la gracia?

El segundo frente trata acerca del sentido del humor.

Jesús V.

Aquí estamos para disfrutar (y II)


Ser libre es saber mirar, saber penetrar y no quedarse sólo en la superficie. Poner en juego esta capacidad-de-ser-libre requiere sabiduría, paciencia y, sobre todo, mirar hacia adelante con valentía. Pienso que esto tiene mucho de conducta proactiva, de la que tanto se habla actualmente. Es imprescindible que dejemos de mirarnos a nosotros mismos, a nuestro trabajo, a la preocupación inmediata. Así podremos levantar la vista y divisar el horizonte, el fin de nuestro camino, la meta a la que se dirigen nuestros pasos.
 
De alguien que no repara en los detalles, coloquialmente se dice que se anda sin contemplaciones. Conviene diferenciar esta actitud -negativa por sí misma, de las personas con un carácter resolutivo, aquellas que actúan con decisión. El carácter resolutivo no es incompatible con un pensamiento profundo, con una actitud contemplativa. Pienso que lo más interesante e inteligente que podemos hacer es andarnos con contemplaciones
 
En el día a día, al levantar la vista de nuestros problemas o dificultades, no debemos dejar de lado esa contemplación. Aunque requiera esfuerzo. Saber mirar, profundizar en las situaciones y las personas es hoy una de las habilidades más deseadas y más ausentes en los equipos de gobierno de instituciones públicas y privadas.
 
Nuestro entorno, aunque poco dependa de nosotros, es mejorable. Eso requiere estar pendiente de todos los detalles -antes, durante y después- porque sólo así tendremos la certeza (y la consecuente tranquilidad) de que hemos hecho lo posible por la cuestión que tenemos entre manos.
 
En el ámbito sobrenatural puede llamarse a este andarse con contemplaciones vivir santificando lo que toco. Pero sin apegarme a ello, igual que el viajero no se apega a cada rincón que visita sino que su camino requiere el constante avance. Podrá tomar fotos, adquirir souvenirs… Pero su objetivo está al final, ésa parada es sólo eso, un lugar para reponer fuerzas y disfrutar, algo temporal. No lo definitivo. En saber diferenciar las paradas del viaje de la meta nos la jugamos.  
 
Jesús Vélez

Aquí estamos para disfrutar


Hay mucho escrito sobre la fiesta, y no pretendo descolgarme con un análisis-ensayo sobre ella. Si alguno quiere profundizar por ese camino, el breve ensayo de Josef Pieper, Teoría de la Fiesta, puede ser un buen comienzo.

En nuestras conversaciones aparece con frecuencia la siguiente idea: “aquí estamos para disfrutar” y “hay que disfrutar con lo que haces“. A priori, todos suscribimos ambas afirmaciones. Solo una persona enferma sería capaz de sostener lo contrario. Si en nuestro bregar cotidiano con el trabajo, la familia, los amigos, etc. nos resultase imposible ese disfrute, lo viéramos como un reto inalcanzable, es el momento de pararnos y analizar la situación -¡y también a nosotros mismos!-. Es señal de que no todo marcha correctamente. no disfrutar de lo que hacemos es algo terrible. Otra pandemia más del siglo XXI.

¡Cuánta gente se cruza en nuestro camio a diario con rostros apesadumbrados, o aislados del entorno que les rodea por unos earpods que retumban con el éxito musical del verano! Estos últimos se merecen un post aparte.

Volviendo a la “supuesta” incapacidad de disfrutar con lo cotidiano, con todo aquello que se encuentra en nuestro círculo más próximo, Victor Frankl, en su conocida obra El hombre en busca de sentido, no sólo nos da algunas pistas, sino que muestra el camino que él y muchos otros siguieron en una situación penosa y degradante (como la que se vivió en los campos de exterminio nazi). Y lo cuenta sin ningún pudor. Aún en medio del entorno más adverso imaginable -y el suyo lo fue, y mucho- tenemos algo que no nos arrebatará nadie: nuestra libertad.

Esa libertad se relaciona íntimamente con la mirada, la observación, la capacidad de penetrar en la esencia de las situaciones que vivimos y de las personas que nos rodean. Sin poder conocer nuestro entorno, con unas capacidades sensoriales limitadas, resulta difícil comprehenderlo y poder actuar en consecuencia.

CONTINÚA…

ImagenLa foto es de José Antonio Bernat Bacete