Sien@, 281


SUMARIO

1

“Algo se mueve en Holanda”

comentario de diego contreras , periodista y profesor de comunicación institucional, en http://www.laiglesiaenlaprensa.com,  martes 2 de enero de 2007

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“La democracia laicista [¿una nueva religión]?”

articulo de rafael navarro-valls, catedrático de derecho eclesiástico de la universidad complutense de madrid, en el mundo miércoles 3 de enero de 2007

3

“Propóntelo, propónselo. [Evitar el sida]”

reseña de miguel ángel martínez , profesor de medicina preventiva y salud pública, en www.aceprensa.com [sobre el libro Propóntelo, propónselo. ediciones internacionales universitarias (2006) 166 pg. 10 €]

4

”La democracia de la confusión. Más allá de las palabras

articulo de eduardo garcía peregrín, catedrático de la universidad de granada y académico, en el diario ideal Granada,  jueves 21 de diciembre de 2006

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 ”¿Por qué precisamente cristianismo?

comentario de louis de whol, escritor, en www.conoze.com,

1

“Algo se mueve en Holanda”

comentario de diego contreras , periodista profesor de comunicación institucional, en http://www.laiglesiaenlaprensa.com  martes 2 de enero de 2007

“¿Está Dios volviendo a Holanda, uno de los países más secularizados de Europa? La respuesta es sí, a juzgar por un largo artículo publicado en The Weekly Standard (1 de enero). Su autor, Joshua Livestro, que trabaja en el diario más difundido de Holanda, De Telegraaf, recoge algunos datos que muestran un cambio de tendencia. (Como dato de fondo, es útil recordar que las principales confesiones protestantes agrupaban, a finales de los años ’50, al 23 por ciento de la población; hoy sólo alcanzan el 6 por ciento. Los católicos ascendían en 1958 al 42 por ciento, pero hoy se han reducido al 17 por ciento).   

Según Livestro, son varios los elementos que inciden en este nuevo proceso: por un lado, el agotamiento de las corrientes “liberales” o “progresistas”  dentro de las confesiones cristianas. Por ejemplo, “el antes poderoso grupo ‘Ocho de mayo’ –un movimiento de la teología de la liberación nacido el 8 de mayo de 1985 para protestar contra la visita de Juan Pablo II a los Países Bajos- fue disuelto en noviembre de 2003 por la falta de interés de sus cada vez más escasos miembros”. Según los autores de un estudio sociológico, citado en el artículo, las tendencias liberales “están en agonía y serán sustituidas por una nueva ortodoxia”.

El otro factor es la incidencia de los inmigrantes cristianos. Habitualmente, se centra la atención en la inmigración musulmana (un millón), pero resulta que los inmigrantes cristianos en Holanda ascienden a unos 700 mil, y en los últimos años su flujo está superando al de los musulmanes. Lo característico de esos inmigrantes es que están dando vida a iglesias cristianas propias, al margen de las establecidas, un fenómeno típicamente protestante. El autor no menciona cómo es la influencia en la Iglesia católica.

En todo caso, hay pistas para deducir que también algo está cambiando. Hechos, por ejemplo, como “la casi inadvertida reintroducción de los crucifijos en las aulas de las escuelas católicas en todo el país”, o el cambio de actitud de los alumnos a la hora de mostrar su religiosidad en público. De confirmarse, este giro desmentiría la idea de que la secularización es un proceso irreversible”.

2

“La democracia laicista [¿una nueva religión?]”

articulo de rafael navarro-valls, catedrático de derecho eclesiástico de la universidad complutense de madrid, en el mundo miércoles 3 de enero de 2007

“España está sumergida en guerrillas ideológicas que hacen las delicias de los corresponsales extranjeros. Tras la guerra de las esquelas (dos memorias históricas en tensión), se desencadenó la guerra de los belenes (villancicos contra himnos laicos), la de los documentos (el del PSOE contra el de la Conferencia Episcopal ) o la de la financiación de las Iglesias (IU-ICV contra PSOE). Una confrontación en la que algunos de los contendientes se acusan mutuamente de representar al «nacional agnosticismo» o al «nacional catolicismo». Parecemos zambullidos en un intercambio de agravios que, en realidad, son manifestaciones sectoriales de una contienda de más amplio respiro: la de los laicismos. Ahora que el comienzo de un nuevo año suele aquietar las pasiones, intentemos también tranquilizar los entendimientos.

Estas confrontaciones no son nuevas ni tan originales como piensa la prensa francesa o americana. Con motivo de las recientes elecciones estadounidenses, algunos evangelistas radicales parecían pedir contra el laicismo militante una estrategia similar a la de Mac Arthur contra los japoneses durante la Guerra del Pacífico. Según uno de ellos, se hace necesario: «Rodear sus bastiones, sitiarlos, aislarlos, y, por fin, expulsarlos de sus búnkeres con el combate cuerpo a cuerpo». En el otro extremo del espectro, la historia real del laicismo -en toda Europa, incluida España- está llena de ejemplos de grupos religiosos que son disueltos por el Estado, de líderes religiosos que son arrestados por una alegada falta de lealtad, de propiedades de estos grupos que son incautadas por el Estado, y de denegaciones de personalidad jurídica a las congregaciones. Por supuesto, el principal objetivo de estos ataques laicos fueron, en el pasado, como ha demostrado Jeremy Gunn, la Iglesia, el clero y las congregaciones de monjes y monjas católicos.

Hoy en día, algunos objetivos populares del laicismo incluyen también ataques a movimientos religiosos que parecen inusuales, o no estrictamente europeos: desde el velo islámico a la kipá judía. Aunque el objetivo parece más de fondo: neutralizar cualquier inspiración religiosa de las políticas europeas.

No deja de tener razón Michael Burleigh cuando, después de estudiar rigurosamente el fenómeno, concluye: «Dado que en la historia del laicismo europeo hay periodos oscuros, incluido un genocidio cometido en nombre de la razón, quizá las personas religiosas deberían mostrarse menos a la defensiva de lo que suelen frente a los ataques de algunos laicistas radicales».

En efecto, los creyentes europeos -incluidos los españoles- deben ser conscientes de que la derecha moderada y la izquierda razonable -al menos la americana- no rechazan la inspiración religiosa de las actuaciones públicas. Michael Walzer, profesor de Filosofía política en Princeton, uno de los gurús más escuchados de la izquierda americana, ha recordado que a nadie causaba extrañeza «cuando Martin Luther King sostenía que todos habíamos sido creados a imagen y semejanza de Dios, o cuando los abolicionistas movilizaron a la opinión pública protestante contra la esclavitud, o los predicadores del gospel social apoyaron políticas progresistas, o cuando los obispos católicos americanos publicaron declaraciones críticas sobre la disuasión nuclear o la justicia social». La inspiración religiosa de esas propuestas (incluidas las de los temas de familia, aborto, células madre, etcétera) es tan legítima como la inspiración ecologista, liberal o sindical. En el espacio público y en la sociedad civil, los creyentes deben ser bienvenidos y sus argumentaciones deben ser tratadas como las de cualquier otro. Expuestas a la crítica o a la adhesión, a la derrota o al éxito, pero, como observa Aréchaga, no excluidas del debate. Ése es el espíritu de la verdadera laicidad.

Uno de los errores del laicismo español es su tendencia a convertirse en una nueva religión. Su proclividad a sustituir la antigua teocracia por una nueva ideocracia. Una religión tal vez incompleta, sin Dios y sin vida después de la muerte, pero que quiere ocupar en las almas de los ciudadanos el lugar de una fe que entiende desaparecida o en trance de serlo. De ahí los intentos, por ejemplo, de diseñar unas Navidades laicas o sustituir las celebraciones cristianas (bautismo, primeras comuniones, matrimonios etcétera) por celebraciones civiles. Hoy algunos quisieran ejercer a través de la laicidad una suerte de fundamentalismo de la purificación social que arroja fuera del ámbito de lo público todo valor moral o religioso. Algo así -si se me permite parafrasear a Evelyn Waugh- «como un reloj que siguiera dando su tictac en la muñeca de un hombre agonizante».

Hace unos días no pude dejar de esbozar una sonrisa ante la fotografía del secretario de Organización del PSOE, José Blanco , junto a Howard Dean, el más izquierdista de los demócratas y el candidato a la Presidencia americana más laico desde Michael Dukakis. La verdad es que si el primero se refirió en algún momento a las «posiciones casposas» de los obispos, el segundo manifestó un sorprendente entusiasmo por frecuentar su Iglesia en cuanto se caldearon las primarias a las que se presentó. Y si comparamos al presidente Rodríguez Zapatero con el izquierdista Clinton, baste este dato: la ley estadounidense de defensa del matrimonio heterosexual de 1996, que sólo reconoce a efectos federales el matrimonio «como una unión entre hombre y mujer» lleva la firma del segundo; la ley española que autoriza el matrimonio de personas del mismo sexo fue directamente promovida por Rodríguez Zapatero.

Si pasamos al tema de la Religión en la escuela, no olvidemos que en 1995 la Administración de Clinton publicó unas directrices que prohibían a los funcionarios escolares impedir que los alumnos rezaran o hablaran de religión en la escuela. La Constitución , decía Clinton, «no obliga a los niños a dejar su religión a la entrada del centro». En fin, la gran esperanza de la izquierda americana para 2008, Hillary Clinton -la «nueva Pasionaria americana», según Micklethwait- es una entusiasta metodista que frecuenta más su Iglesia que el mismo Bush, también metodista, por cierto.

El contraste estriba, me parece, en que unos consideran la laicidad como algo positivo -de ahí su belleza- que garantiza un espacio de neutralidad en el que germina el principio de libertad religiosa y de libertad de conciencia. Para otros, la laicidad es un simple instrumento primordialmente diseñado para imponer una filosofía beligerante por la vía legislativa.

Esta última posición está en franco retroceso. Incluso los laicos europeos -y buena muestra es lo que sucede en Italia- están de vuelta, comenzando a hablar de «una religión civil cristiana» en la que se insertarían, entre otros, «valores cristianos como tolerancia, respeto a la vida humana y solidaridad». Algo que ayudaría a una Europa desgajada de sus raíces a salir de su actual crisis de identidad. Es la evolución que se observó en los últimos años del filósofo Norberto Bobbio, que está latente en Umberto Eco, y que explícitamente suscribe el ex presidente del Senado italiano Marcello Pera. Guste o no, Occidente parece estar redescubriendo las fuerzas que mueven la Historia.

Me da la impresión de que es un error de cálculo -el mismo error que se denunció respecto a los países del Este antes de la caída del muro- pensar que la religión está hoy out y el agnosticismo in. Como han demostrado Timothy Samuel Shah y Monica Duffy Toft, la religión ha movilizado a millones de personas para que se opusieran a regímenes autoritarios, para que inaugurasen transiciones democráticas, para que apoyaran los Derechos Humanos y para que aliviasen el sufrimiento de los hombres.

En el siglo XX, los movimientos religiosos ayudaron a poner fin al Gobierno colonial y a acompañar la llegada de la democracia en Latinoamérica, Europa del Este, el Africa subsahariana y Asia. Sin olvidar su verdadera función en política: convencer a los que tienen el poder de que están aquí hoy y no lo estarán mañana, y que son responsables ante los de abajo y también ante El de arriba. Una ocasión espléndida para recordarlo este comienzo del año 2007.

Para evitar malentendidos, añado: soy un fan del Estado laico, precisamente porque es el que garantiza a todos el espacio para proponer libremente su concepción del hombre y de la vida social. Pero si lo que pretende el Estado laico es imponer por vía mediática o legislativa la ideología propia de algunos gobernantes, entonces está dejando de ser laico: se transforma en Estado propagandista. Lo cual es no sólo una contradicción jurídica. Es, sobre todo, un ingenuo error”.

3

“Propóntelo, propónselo. Evitar el sida”

reseña de miguel ángel martínez , profesor de medicina preventiva y salud pública, en http://www.aceprensa.com sobre el libro Propóntelo, propónselo. ediciones internacionales universitarias (2006) 166 pg. 10 €

“Jokin de Irala es doctor en Medicina por la Universidad de Navarra y en Salud Pública por la Universidad de Massachusetts, y es profesor titular de Salud Pública. Es conocido por sus trabajos de investigación y publicaciones en lo que ahora se ha dado en llamar “salud reproductiva”. Por ejemplo, recientemente ha publicado, junto con Alvaro Alonso , en la revista “The Lancet” un valiente comentario editorial sobre la necesidad de optar por medidas que eviten el sida y no sólo pretendan reducir el riesgo. Cristina López del Burgo, doctora en Medicina, es profesora e investiga también en salud reproductiva en el Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra. Matthew Hanley es máster en Salud Pública y trabaja en el Catholic Relief Services, agencia oficial católica de ayuda al desarrollo.

Este breve libro afronta en un lenguaje claro y divulgativo los principales aspectos de la prevención de la transmisión sexual del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Al mismo tiempo que divulgativa, esta publicación es un ejercicio riguroso de medicina basada en la evidencia, como lo demuestra la abundante bibliografía (98 referencias, en su mayoría de revistas médicas), muy cuidada y actualizada (casi todas las referencias son posteriores a 2001), de modo que las afirmaciones se sustentan en estudios observacionales o experimentales publicados en revistas médicas solventes.

La estrategia ABC (“Abstinence, Be faithful, Condom”) está muy presente a lo largo del libro. No en vano el Prof. de Irala fue uno de los 140 firmantes del consenso que se publicó en “The Lancet” hace ahora dos años. En ese consenso se hablaba también del preservativo, pero en el contexto de personas de alto riesgo con una vida habitualmente muy promiscua.

Son muchas las investigaciones científicas realizadas en los últimos 25 años sobre las intervenciones para prevenir el sida. Curiosamente, se está dando una peligrosa separación entre quienes trabajan en salud pública con un mayor rigor metodológico (epidemiólogos) y quienes se mueven también en estos ámbitos con una función más burocrática o trabajan para hacer “marketing” social.

Este segundo grupo de profesionales suele ser más ruidoso y copa crecientemente la atención mediática en los congresos y conferencias sobre el sida. Especialmente lamentable es que la revista “The Lancet” parece haber decidido ahora dar el micrófono a los segundos (burócratas, diseñadores de campañas) y en cambio silenciar a los primeros (epidemiólogos) en una serie sobre “salud sexual y reproductiva” que está publicando desde principios de noviembre de 2006. En este contexto, no podía ser más oportuna la aparición del libro “Propóntelo, propónselo”.

Además de su valentía y claridad, una gran ventaja de los autores de este libro es su buena formación metodológica en epidemiología. El conocimiento más claro que se extrae de revisar y analizar críticamente la evidencia epidemiológica disponible es que sólo la promoción del retraso del inicio de las relaciones sexuales y la monogamia mutuamente fiel pueden evitar el avance del sida.

Ninguna campaña centrada en preservativos ha conseguido frenar la epidemia en ningún país. Sólo ha habido logros sustanciales allí donde se ha puesto el énfasis en el retraso de las relaciones sexuales para los jóvenes y en la fidelidad monógama para los adultos. Se presentan los estudios específicos dirigidos a valorar estas intervenciones basadas en estrategias de evitación del riesgo (frente a las que sólo se quedan en reducción de riesgo) en países como Uganda, Tailandia, Zimbabue o Estados Unidos.

En fin, el libro es un poderoso arsenal de argumentos con capacidad de llegar a todos”.

4

“La democracia de la confusión. Más allá de las palabras”

articulo de eduardo garcía peregrín, catedrático de la universidad de granada y académico, en el diario ideal Granada,

 jueves 21 de diciembre de 2006

“Parece ser que desde diferentes instancias oficiales estamos siendo sometidos a una ceremonia de confusión, como si estuvieran empeñadas en que el español medio no acabara de entender el significado de algunas palabras que, por lo demás, ya vienen definidas en el diccionario de la RAE o a través de su amplio uso científico.


Así, el proyecto de Ley de Investigación Biomédica, cuya discusión ha comenzado en el Congreso, presenta en su artículo 12 las siguientes definiciones «a los efectos de la presente ley»: embrión como «fase del desarrollo embrionario que abarca desde el momento en que el ovocito fecundado se encuentra en el útero de una mujer hasta los 56 días»; feto como «embrión con apariencia humana desde los 57 días del momento de la fecundación hasta el momento del parto», manteniendo para preembrión la misma definición que la Ley 14/2006, es decir, «el embrión in vitro constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva del ovocito desde que es fecundado hasta 14 días más tarde».


De acuerdo con estas definiciones, el desarrollo embrionario natural comprende la etapa de embrión desde la fecundación hasta los 56 días y la etapa de feto a partir de esa fecha. Conscientes de que el término preembrión no tiene ningún sentido biológico, esta definición la hace «a los efectos de esta ley», es decir, que se permite dar y utilizar una definición de un término biológico sólo para legislar. Además, al definirlo como «el embrión in vitro », lo considera como un embrión pero diferente del obtenido in vivo tras un proceso de fecundación natural en el útero de una mujer, para el que no propone ningún otro término. El preembrión es, por lo tanto, un tipo de embrión pero de menor categoría que el normal, como si llamándolo de otra manera, se pretendiera permitir su fácil manejo sin crear mayores problemas.


Ante esta situación podemos preguntarnos: ¿Cómo llamar al ser vivo de la especie humana en la etapa del desarrollo embrionario comprendida entre la fecundación y el final de su implantación a los 14 días? Se llamará embrión si se ha obtenido in vivo, mientras que se llamará preembrión si se ha obtenido in vitro. En este caso, será sólo «un grupo de células», es decir, algo fácilmente manipulable sin suscitar problemas.

Pero ¿cómo llamar al preembrión obtenido por fecundación in vitro cuando se implante, como es normal, antes de los 14 días? ¿Seguirá siendo preembrión hasta que ‘cumpla’ 14 días, pero a la vez será embrión puesto que ya se encuentra en el útero de una mujer? La confusión está servida. Este es el resultado del empeño en llamar con otro nombre a algo que ya tiene el suyo propio.


La misma Ley de Investigación Biomédica, al hablar de «investigación con muestras biológicas de naturaleza embrionaria» permite «la activación de ovocitos mediante transferencia nuclear para su uso con fines terapéuticos o de investigación». Con este nombre considera a la técnica mal llamada clonación terapéutica, pero evitando nombrarla por su nombre, quizás para no levantar demasiadas sospechas e intentando ‘pasar de puntillas’ sobre un tema excesivamente escabroso en el estado actual del conocimiento científico. No obstante, el resultado de esa ‘activación’ lo incluye entre las muestras de naturaleza embrionaria -y, por lo tanto, relacionadas con el embrión- que pueden ser utilizadas para la obtención de células troncales o ‘células madre’ como vulgarmente se las conoce.


A este respecto, es curioso señalar que entre las numerosas definiciones que establece la Ley no aparece la de célula troncal o madre ni tampoco la de clonación. ¿Por qué? ¿Es que no interesa su definición clara para mantener la confusión?

El Director del Banco de Líneas Celulares de Granada mencionaba hace unos días a este mismo diario que «no hemos sabido transmitir qué es en realidad una célula madre embrionaria humana». Quizás para ayudar a solucionar este problema la definía como «una célula madre que se obtiene desde las doce horas de la fecundación in vitro hasta el cuarto o quinto día. En esta fase, que es claramente prefetal (sic) contamos con un grupo de 16 células, sólo con eso».

Una definición más aceptada en el mundo científico considera como célula troncal a cualquier célula no especializada con capacidad de autodividirse y de especializarse. Dentro de ellas, las embrionarias son las pluripotentes que se obtienen de la masa celular interna del blastocisto.

¿Quiere esto decir que en la etapa de blastocisto (4-5 días) existen sólo 16 células? ¿Es una de estas 16 células lo que se implanta después en el útero de una mujer? Considero que estas y otras declaraciones semejantes deben ser mucho más matizadas. A este ‘algo’ que se maneja para obtener células madre y/o para su implantación en el útero es a lo que la Ley llama preembrión y a lo que la literatura científica conoce con el nombre de embrión, de dos, cuatro, dieciséis células, etc., preimplantatorio si se quiere llamar así, pero siempre embrión.


Evidentemente, el progreso de la ciencia ni se debe ni se puede detener. Pero una vez más tendríamos que recordar la gran máxima de que no todo lo técnicamente posible es éticamente aceptable. Hoy más que nunca hay que tener las ideas muy claras. Para ello, es urgente una mayor formación cultural a todos los niveles, y esto sólo se logrará si nos empeñamos en explicar las cosas tal como son y no disfrazándolas bajo otros nombres.

Puesto que el lenguaje científico puede resultar difícil de utilizar y de entender, siempre debe emplearse con la suficiente precisión para no contribuir a aumentar la ceremonia de la confusión a la que, por lo visto, estamos abocados en la España actual”.

5

“¿Por qué precisamente cristianismo?”

comentario de louis de whol, escritor, en http://www.conoze.com

“¿Por qué precisamente cristianismo? ¿Por qué no budismo? ¿Por qué no mahometismo o cualquier otra religión? ¿Acaso se puede afirmar seriamente que una religión es mejor que otra? ¿Y no se trata en definitiva de una cuestión meramente geográfica?

Si yo hubiese nacido en La Meca, Mascat, Sidi Bel Abbes o Suez, sería mahometano. Si hubiese nacido en Kioto o Nagasaki sería o bien sintoísta o un budistazen, y si en Calcuta o Madras probablemente hindú. Y si hubiese nacido en África Central entre los pigmeos, creería en los dioses de los pigmeos. ¡Sin ninguna duda! Y si hubiese nacido tras el telón de acero, digamos en Stalino o Irkutsk, sería probablemente ateo, porque habría sido educado como tal.

¿Puede decirse por eso que el ateísmo es una religión tan buena como la cristiana? Empezamos pues ya a cualificar, a comparar, y eso está bien. Pongámonos de acuerdo en que existen religiones «más elevadas» y «más inferiores». El Islam es una religión más elevada que la creencia en el dios serpiente. El budismo está muy por encima de la creencia en el dios satánico de los indígenas australianos. Existe, pues, una serie de religiones muy elevadas. No nos basta el accidente casual geográfico de nuestro nacimiento.

¿Por cuál de ellas nos decidiremos? La base de nuestra decisión está clara: será la verdad que contenga. Pero para comprobar la verdad que contiene cada una de las religiones necesitaríamos toda una vida. ¿No habrá otro medio más rápido, pero seguro? Afortunadamente existe. Hay una sola religión cuyo fundador se ha llamado a sí mismo Dios. Ni Mahoma, ni Buda, ni Moisés ni Zoroastro, ni Confuncio ni Laotsé pretendieron ser dioses. Sólo Cristo reivindicó este título («Yo y el Padre somos Uno». «Quien me ha visto a Mí, ha visto al Padre», y muchos otros pasajes).

Esto simplifica nuestra búsqueda. Ahora ya sólo se trata de aclarar una cosa. ¿Está o no está justificada esta pretensión increíble? Si no lo está, entonces no sólo podemos, sino que incluso debemos rechazar el cristianismo; pues si un hombre afirma que es Dios y no lo es, no puedo seguirle. Pero si su afirmación demuestra ser verdadera, si el hombre Jesucristo era Dios, entonces cada una de sus palabras es ley; ser cristiano es una necesidad absoluta, y ninguna otra religión más que el cristianismo puede ser tenida en cuenta”.

Terrorismo de rostro humano


Artículo publicado en Alfa y Omega, el 4-I-2006

Monseñor Michel Schooyans, profesor emérito en la Universidad de Lovaina (Bélgica), acaba de publicar un libro con el título El terrorismo de rostro humano» (Le terrorisme à visage humain, en colaboración con A-M Liebert, Editorial FX de Guibert, 2006), en el que muestra y demuestra las consecuencias que tiene en el escenario mundial una ideología que considera al ser humano como una simple cosa. Según el autor, se trata de un nuevo bioterrorismo, tan letal como el terrorismo armado, que desestabiliza el equilibrio demográfico del mundo. Como ejemplo más claro, cita las cifras del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA, por sus siglas en inglés), según las cuales, en el mundo se practican 45 millones de abortos al año, provocando la muerte de 70.000 mujeres.
Para monseñor Schooyans, autor de más de 20 libros traducidos a ocho idiomas, nos encontramos ante el resultado de una ideología maltusiana (doctrina expuesta por el economista británico T. R. Malthus, que ve en el crecimiento demográfico la mayor amenaza para la economía y la paz), «aplicada después de la Segunda Guerra Mundial» y que no reconoce que el ser humano puede crear riqueza. Esta ideología parte del principio, según el cual, a más pobres, más necesidad habrá de repartir la riqueza con ellos. Por tanto, hay que impedirles su reproducción. Por ejemplo, esta constatación ha llevado a instituciones internacionales a promover el objetivo de la esterilización del 40% de las mujeres de Brasil y de México.
Monseñor Schooyans, durante años catedrático de Filosofía Política y Ética de las cuestiones demográficas, denuncia el error de esta ideología citando el ejemplo de la India. Este país, «que en 1960 contaba con 250 millones de habitantes, en su mayoría hambrientos, hoy da de comer a mil millones de habitantes y exporta cereales».
El autor, miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y de la Academia Pontificia para la Vida, muestra que la industria farmacéutica ha invertido ingentes fondos a favor de las opciones maltusianas, creando así un mercado de productos anticonceptivos de mujeres entre 15 y 49 años. En muchos países, el 70% de las mujeres fértiles recurren a algún producto anticonceptivo.
Para imponer esta ideología a escala mundial, monseñor Schooyans denuncia la táctica del chorizo, estrategia inventada en Hungría, en 1947, por el entonces Secretario General del partido comunista local, Mátyás Rákosi. Esta táctica busca que la opinión pública acepte aquellos programas o propuestas que nunca aceptaría en bloque (como sucede con la grasa del chorizo). Esta metodología utiliza palabras que significan lo contrario. Por ejemplo, el aborto se promueve hoy con el término salud reproductiva, y la eliminación de una persona que no se considera útil con la palabra eutanasia, que originalmente quiere decir buena muerte. De este modo -constata-, «quedamos expuestos a bombas de un terror dulce, subvencionadas por los Estados, votadas por los Parlamentos, y celebradas por los medios de comunicación».

Sien@, 279


THINK DIFFERENT

Siena279

Cinco tendencias de actualidad para tus argumentos públicos

SIENA AÑO VI del 18 al 24 de diciembre de 2006

                                                                                                SUMARIO

1

“Benedicto XVI: ¡Feliz Navidad! y que el Niño Dios no nos encuentre distraídos o dedicados simplemente en decorar de luces nuestras casas”

audiencia de benedicto xvi en el aula nervi del vaticano sobre el sentido de la navidad,  agencia zenit, miercoles 20 de diciembre de 2006

2

“En algo hay que creer…”

articulo de artonio barnés, filólogo y humanista, en forumnovum.blogspot.com, martes 10 de diciembre de 2006

3

“[Algo de historia]. El belén: arte y devoción”

Artículo del sacerdote argentino Guillermo marcó

4

”[Alexandre Soljenitsyn, Premio Nobel de Literatura:] Dios no nos quita la libertad frente al mal

 entrevista de daniel kehlmann a alexandre soljenitsyn, premio nobel de literatura (archipiélago gulag) en le figaro,  y reproducida en alfa y omega, jueves 14 de diciembre de 2006

5

 ”¿San Gilberto? [El hombre eterno]

 artículo de juan manuel de prada en abc, sabado 9 de diciembre de 2006

PARA SUSCRIBIRSE A ESTE SERVICIO BASTA CON ESCRIBIR A imartinez@a2000.es, PERIODISTA. SIEN@ NO SE IDENTIFICA NECESARIAMENTE CON LAS IDEAS PUBLICADAS EN ESTE BOLETÍN,

QUE SON RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES. UN CORDIAL SALUDO DESDE LA REDACCIÓN.

1

“Feliz Navidad. Que el Niño Dios no nos encuentre distraídos o dedicados simplemente a decorar de luces nuestra casas”

el sentido de la navidad. audiencia de benedicto xvi en el aula nervi del vaticano, agencia zenit, miercoles 20 de diciembre de 2006

Intervención del Papa Benedicto XVI en la Audiencia General de este miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, durante la que reflexionó sobre el sentido de la Navidad.

“¡Queridos hermanos y hermanas!

“El Señor está cerca: venid, adorémosle”. Con esta invocación, la liturgia nos invita, en estos últimos días de Adviento, a acercarnos, como de puntillas, a la gruta de Belén, donde tuvo lugar el acontecimiento extraordinario, que cambió el rumbo de la historia: el nacimiento del Redentor.

En la Noche de Navidad, nos colocaremos una vez más ante el pesebre para contemplar, maravillados, al “Verbo hecho carne”. Sentimientos de alegría y de gratitud, que en tantos idiomas cantan el mismo y extraordinario prodigio. El Creador del universo vino por amor a poner su morada entre los hombres.

En la Carta a los Filipenses, San Pablo afirma que Cristo, “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres” (2,6). Se apareció con la forma humana, añade el apóstol, humillándose a sí mismo. En la santa Navidad reviviremos la realización de este sublime misterio de gracia y misericordia.

San Pablo añade: “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Gálatas 4,4-5). Desde hace siglos, el pueblo elegido esperaba al Mesías, pero se lo imaginaba como un caudillo poderoso y victorioso, que liberaría a los suyos de la opresión de los extranjeros.

El Salvador, sin embargo, nació en el silencio y en la pobreza total. Vino como luz que ilumina a todos los hombres –constata el evangelista Juan–, “y los suyos no la recibieron” (Juan 1, 9.11). Sin embargo, el apóstol añade: «”a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios” (ibídem 1,12). La luz prometida iluminó los corazones de quienes habían perseverado en la espera vigilante y activa.

La liturgia de Adviento nos exhorta también a nosotros a ser sobrios y vigilantes, para no dejarnos sobrecargar por el peso del pecado y de las excesivas preocupaciones del mundo. De hecho, vigilando y rezando podremos reconoce y acoger el fulgor de la Navidad de Cristo.

San Máximo de Turín, Obispo que vivió entre el siglo IV y V, en una de sus homilías, afirma: “El tiempo nos advierte de que la Navidad de Cristo Señor está cerca. El mundo, con sus mismas angustias, habla de la inminencia de algo que lo renovará, y desea con una espera paciente que el esplendor de un sol más fúlgido ilumine sus tinieblas… Esta espera de la creación también nos lleva a nosotros a esperar el surgimiento de Cristo, nuevo Sol” (Sermón 61a, 1-3). La misma creación, por tanto, nos lleva a descubrir y a reconocer a Aquel que tiene que venir.

Pero la pregunta es: la humanidad de nuestro tiempo, ¿espera todavía a un Salvador? Da la impresión de que muchos consideran que Dios es extraño a sus propios intereses. Aparentemente no tienen necesidad de Él, viven como si no existiera y, peor aún, como si fuera un “obstáculo” que hay que quitar de en medio para poder realizarse. Incluso entre los creyentes, estamos seguros, algunos se dejan atraer por seductoras quimeras y distraer por engañosas doctrinas que proponen atajos ilusorios para alcanzar la felicidad.

Y, sin embargo, a pesar de sus contradicciones, angustias y dramas, y quizá a causa de éstos, la humanidad de hoy busca un camino de renovación, de salvación, busca un Salvador y espera, en ocasiones inconscientemente, la llegada del Señor que renueva al mundo y nuestra vida, la llegada de Cristo, el único Redentor verdadero del hombre y de todo el hombre. Es verdad, falsos profetas siguen proponiendo una salvación “barata”, que acaba siempre por provocar duras decepciones.

Precisamente la historia de los últimos cincuenta años demuestra esta búsqueda de un Salvador “barato” y pone de manifiesto todas las desilusiones que se han derivado de ello. Nosotros, los cristianos, tenemos la tarea de difundir, con el testimonio de la vida, la verdad de la Navidad, que Cristo trae a todo hombre y mujer de buena voluntad. Al nacer en la pobreza del pesebre, Jesús viene para ofrecer a todos la única alegría y la única paz que pueden colmar las expectativas del espíritu humano.

Pero, ¿cómo podemos prepararnos para abrir el corazón al Señor que viene? La actitud espiritual de la espera vigilante y orante sigue siendo la característica fundamental del cristiano en este tiempo de Adviento. Es la actitud que caracteriza a los protagonistas de entonces: Zacarías e Isabel, los pastores, los magos, el pueblo sencillo y humilde, pero, sobre todo, ¡la espera de María y de José!

Estos últimos, más que ningún otro, experimentaron en primera persona la emoción y la trepidación por el Niño que debía nacer. No es difícil imaginar cómo pasaron los últimos días, esperando abrazar al recién nacido entre sus brazos. Que su actitud sea la nuestra, queridos hermanos y hermanas.

Escuchemos, en este sentido, la exhortación de san Máximo, Obispo de Turín, ya antes citado: “Mientras nos preparamos a acoger la Navidad del Señor, revistámonos con vestidos nítidos, sin mancha. Hablo del traje del alma, no del cuerpo. ¡No tenemos que vestirnos con vestidos de seda, sino con obras santas! Los vestidos lujosos pueden cubrir las partes del cuerpo, pero no adornan la conciencia” (ibídem).

Que el Niños Jesús, al nacer entre nosotros, no nos encuentre distraídos o dedicados simplemente a decorar de luces nuestras casas. Decoremos más bien en nuestro espíritu y en nuestras familias una digna morada en la que Él se sienta acogido con fe y amor. Que nos ayuden la Virgen y San José a vivir el Misterio de la Navidad con una nueva maravilla y una serenidad pacificadora.

Con estos sentimientos, os quiero expresar a todos los que estáis aquí presentes y a vuestros familiares mis más sentidas felicitaciones por una santa y feliz Navidad, recordando en particular a quienes se encuentran en dificultad o sufren en el cuerpo y en el espíritu. ¡Feliz Navidad a todos vosotros!”

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“En algo hay que creer…”

articulo de artonio barnés, filólogo y humanista, en forumnovum.blogspot.com, martes 10 de diciembre de 2006

En esta vida hay que creer en algo. Se puede creer, por ejemplo, -como sucede a muchos-, en un Dios misericordioso y justo, que premia a los buenos y castiga a los malos; o se puede creer en la propia nación, y en tal caso es el gobierno de turno el que premia a los nacionales y castiga a los extranjeros, quien beneficia a los hablantes de la lengua y perjudica a los que no la emplean.

Se puede creer en un equipo de fútbol, y se está feliz cuando gana y triste cuando pierde. Se puede creer en la salud, y se aspira a incrementarla, y la vida pierde sentido cuando falta. Pero hay que creer en algo.

Se puede creer en la psicología, y se piensa que ella resolverá todos los problemas. Se puede creer en la cultura, y se desprecia a los ignorantes.
Se puede creer en la gastronomía, y se hace de la comida un rito.
Se puede creer en el cuerpo danone y hay que torturarse en el gimnasio para lograrlo. Se puede creer en el sexo y se convierte en un fin en sí mismo, trasformando el erotismo en una religión de enorme barroquismo, donde el instinto se disfraza de estética posmoderna. En algo hay que creer.

Si creemos en Dios, podemos dejar en sus manos la justicia final, sin abandonar la justicia terrena.

Si no, es fácil que se implante la justicia primitiva: vivan los de mi pueblo, mueran los del otro. Arriba los de mi raza, abajo los de la otra. Se distingue así entre ciudadano y paria; entre amigo y enemigo; entre seres “con calidad de vida” y seres que más vale dejar en los brazos plácidos de la muerte.

En algo hay que creer. Y el pecado es lo que se opone al objeto de la creencia. Si se cree en la salud, el pecado es fumar; si se cree en la democracia, el pecado es disentir; si se cree en el sexo, el pecado es poner coto a las fantasías eróticas; si se cree en el trabajo, el pecado es “perder” el tiempo con la familia.

Pero en algo hay que creer, y algo ha de ser pecado.

Si se cree en la ecología, el pecado será verter crudo en el mar y, quizás, el aborto …una elección.

Si no se quiere creer en nada, lo mejor es no pensar, y para ello, lo adecuado es la juerga nocturna y la dormida diurna. (A la juerga la llaman ahora movida).

El tiempo que se tarda en dormir se vuelve peligroso: incita a meditar, y se evita con el reproductor de mp3.

Pero no pensar es otro tipo de creencia, cuya religión se denomina superficialidad. Las tardes pueden consumirse entre el chat y la teleserie. Los Serrano es una bonita forma de no usar de la inteligencia y de convertirse en un frívolo. El ritual puede proporcionar el piercing y la vestimenta unisex.

En algo hay que creer. Como decía Chesterton, unos creen en los dogmas cristianos, y lo saben. Y otros creen también en dogmas, pero no lo saben: el dogma del horóscopo, el dogma de la era acuario, el dogma de la pitonisa televisiva, el dogma del último telepredicador, el dogma ilustrado, el dogma de un racionalismo que produce monstruos.

En algo hay que creer. ¿Tú en qué crees?

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“[Algo de historia]. El Belén: arte y devoción”

por mauro piazenza, presidente de la pontificia comisión de arqueología sagrada del vaticano, en la agencia fides , sabado 23 de diciembre de 2006

Los “Evangelios de la infancia” de Lucas y Mateo, que describen los hechos del Nacimiento de Jesús, son el núcleo de la representación sagrada que, a partir de la Edad Media , tomará el nombre latino de “praesepium”, pesebre, establo.

Los episodios principales son el nacimiento pobre de Jesús “en un pesebre porque había sitio en la posada” (Lucas 2,7); la adoración de los pastores, que representan la parte más marginada del pueblo de Israel y la visita de los Reyes Magos venidos de Oriente siguiendo la estrella, símbolo de los paganos que manifiesta su fe en Jesús Niño.

Los cristianos de los primeros siglos se identificaban con los Magos cuando decoraban, a partir del III siglo, con esta escena, las paredes de las catacumbas romanas y los sarcófagos, o bien cuando enriquecían la escena de la Natividad con elementos alegóricos como el buey y la mula, que, según la profecía de Isaías 1,3, se convertían en símbolo del pueblo hebreo y de los

paganos.A partir del siglo IV la Natividad se convirtió en uno de los temas más frecuentemente representados en el arte religioso, como demuestran el precioso díptico de marfil y piedras preciosas del siglo V guardado en la Catedral de Milán, los mosaicos de la Capilla Palaciega de Palermo, el Baptisterio de Venecia y las Basílicas de Santa Maria La Mayor y de Santa Maria en Trastevere en Roma.

El belén como nosotros lo concebimos tuvo origen, según la tradición, en el deseo de San Francisco de hacer revivir el nacimiento de Belén, ante todo en el corazón de los hombres, implicando a la gente del pueblo reunida en Greccio (Rieti) la noche de Navidad del 1223, (Tommaso de Celan, Leyenda segunda). El episodio fue pintado por Giotto en un fresco de la Basílica Superior de Asís.

El primer ejemplo de belén inanimado que nos ha llegado e sin embargo, el de Arnolfo de Cambio tallado en madera en el 1280 y del que hoy se conservan algunas estatuas en la cripta de la Capilla Sixtina en Santa Maria La Mayor en Roma. Desde entonces y hasta mediados de 1400 los artistas se preparaban pesebres para colocar dentro de las iglesias, modelando estatuas de madera o terracota, colocadas ante un fondo pintado. Toscana fue el centro de irradiación de dicha tradición, que de aquí rápidamente alcanzó el Reino de Nápoles y el resto de la Península.

A partir del siglo XIX el belén ha conocido una verdadera difusión a nivel popular, que dura hasta nuestros días. Aunque en los años 60 y 70 del siglo que acaba de pasar sufrió la “competencia” con el árbol de Navidad, no existe casi ninguna familia, especialmente si hay niños, en la que no se realice más o menos reducido.

Pero ¿conserva el belén todavía hoy un mensaje actual? Pensamos que si. Desde que los evangelistas lo “pintaron” en sus narraciones, la escena de la Natividad se ha vivido como el lugar dónde toda la humanidad se recoge en adoración a su Salvador, sin miedo a ser rechazados: judíos y paganos, pobres y potentes, justos y pecadores, ciudadanos y extranjeros.

Ante el belén ningún hombre se siente mal, porque sabe que es acogido, así como es, por Dios que se ha hecho Niño para compartir con cada uno de nosotros las alegrías y los sufrimientos, los éxitos, las fatigas y las incomprensiones de la vida. Sólo quién sólo busca su propio interés puede pensar que recibirá algún daño: para Herodes y para los otros como él, Jesús ya es “signo de contradicción”.

El belén es ciertamente un signo cristiano, pero es un signo que todos pueden entender y que no puede ofender de ningún modo la sensibilidad de nadie. Se deberían valorar más los signos porque son llamadas saludables a las mismas raíces, a la propia identidad y constituyen igualmente ocasiones pacíficas de reflexión para todos, cercanos y lejanos.

De esas cosas sencillas del belén, de esas casitas, de esos papeles-roca, de esas estatuillas, de los ángeles de la Gloria encima del portal, de los ingenuos cielos adornados de estrellas y de esa estrella emana el sentido del mirar extático y adorante y un sentido de alegría profunda, intensa y toda interior: es la alegría de haber sido alcanzados por la verdad, que nos concede poder vivir con dignidad; de haber sido alcanzados por la gracia, que siempre vence nuestro mismo pecado. Es la alegría de haber sido redimidos y conquistados por la “gloria del Unigénito del Padre”, que viene a nosotros “lleno de gracia y de verdad” (cf Jn 1,14).

Felicidades, amigos: ¡Que la Virgen Madre nos haga experimentar desde el portal de Belén lo que significa el hecho de que Dios ha querido ser “Emmanuele”, Dios-con-nosotros!

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“[Alexander Soljenitsyn, Premio Nobel de literatura]

 Dios no nos quita la libertad frente al mal

entrevista de daniel kehlmann a alexandre soljenitsyn, premio nobel de literatura (archipiélago gulag) en le figaro,  y reproducida en alfa y omega, jueves 14 de diciembre de 2006

Hace treinta y seis años, por estas fechas, Soljenitsyn ganaba el Premio Nobel de Literatura. El diario francés Le Figaro acaba de obtener unas declaraciones suyas que, por su interés, ofrecemos a nuestros lectores. En una conversación mantenida con el joven escritor alemán Daniel Kehlmann, analiza el destino de Rusia, después del fin de la URSS

Usted escribió que resultaba difícil imaginar qué escritor habría llegado a ser si no hubiera pasado por el gulag.

A los dieciocho años me hice el propósito de describir y explicar la historia de la revolución rusa en toda su dimensión. Tan sólo por esta razón no podría haber desarrollado mi carrera literaria como un escritor soviético leal. Pero el hecho de que, en 1945, fuera yo mismo víctima del gulag tuvo un peso fundamental en mis convicciones, y me abrió una perspectiva muy amplia sobre el comunismo soviético; y, en un análisis más profundo, me sumergió en la reflexión sobre los fundamentos de nuestra propia existencia.

Ha expresado usted la opinión de que Rusia estaba destinada a pasar la sombría prueba del siglo XX en nombre de toda la Humanidad. Todos esos sufrimientos, ¿eran verdaderamente indispensables? ¿No fue todo absurdo e inútil? Dicho de otro modo, ¿quiso Dios que todo eso ocurriera?
Traté de seguir todo el proceso de preparación social que condujo a esta revolución desencadenada en Rusia, y también los acontecimientos de febrero de 1917. ¿Quiso Dios que las cosas ocurrieran de esa manera? Dios nunca nos ha quitado la libertad de elección que nos concedió.

Nosotros mismos somos los que creamos nuestra propia historia, somos nosotros mismos los que nos precipitamos en la fosa. Y la necesidad o el absurdo de los sufrimientos depende de la capacidad de las personas y de los pueblos para aprender de ellos. Los hombres no pueden evitar el tener que pagar por la codicia sin límites de los poderosos y de los ricos (la de los hombres y la de los Estados), por el agotamiento de los sentimientos humanos de bondad.

¿Qué es el mal? Las personas sencillas, lúcidas, íntegras, que se enfrentan al caos en soledad es uno de los temas centrales de sus obras. La probidad de las gentes sencillas, ¿puede ser una respuesta cuando ante nosotros se alza el mal absoluto? Y también: ¿qué es el mal? ¿Se trata sólo de la locura o la estupidez (como pensaba san Agustín), o bien es una fuerza poderosa e imperativa?

Las gentes sencillas e indefensas me inspiran una gran compasión. Pero siento aún mayor compasión por aquellas personas que se muestran como combatientes en favor de la justicia. No , la bondad por sí sola no constituye una respuesta suficiente al mal universal. El mal universal no es sólo la locura o la estupidez. Se trata de un núcleo compacto. Para combatirlo, es necesario poner en práctica una lucha activa. Y el mal es tanto más fuerte cuanto mayor es el número de corazones humanos que están próximos a él o han sido contaminados por él.

Uno de los fenómenos más tristes del siglo pasado fue el amplísimo apoyo otorgado a la dictadura soviética por parte de los pensadores y escritores occidentales. ¿Considera que tuvo lugar una traición de los intelectuales?
El amplio apoyo del que se benefició la dictadura comunista por parte de los pensadores occidentales constituye, precisamente, la señal y la consecuencia de esta caída del humanismo secular que sentimos hoy y que continuaremos sintiendo en el futuro. No obstante, más tarde, a lo largo de los años noventa, surgieron acontecimientos también graves: triunfaron rápidamente las fuerzas oscuras, truhanes sin fe y sin ley que se enriquecen con el saqueo de los bienes nacionales, e implantan en la sociedad cinismo y corrupción moral.

Esto es una catástrofe para toda Rusia. He sufrido muchísimo a causa de todos estos cambios. No obstante, a mis ochenta y siete años y con una salud delicada, no tengo ya las fuerzas necesarias para influir en el curso de los acontecimientos.

¿Cuál es el porvenir de Rusia? ¿La democracia, o un Estado autoritario, construido según el modelo chino? ¿Rusia debe aproximarse a Occidente, o bien encontrar su propio camino?

Aunque la estructura social sea fundamental, la estructura moral es lo más importante de todo. En cuanto a la democracia que deseo para Rusia, el modelo que propongo se distingue del parlamentarismo de los partidos que predomina en Occidente. Considero la existencia de los partidos políticos -ocupados únicamente en obtener el poder- no como un beneficio, sino como una desgracia. Me gustaría contemplar la futura democracia rusa no como un modelo calcado de Occidente.

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“¿San Gilberto? [El hombre eterno]

artículo de juan manuel de prada en abc, sabado 9 de diciembre de 2006

Como la Iglesia está integrada por hombres, es natural que a veces yerre; como la guía el Espí­ritu, es también natural que rectifique sus ye­rros. Siempre he considerado que uno de los más gra­ves yerros de la Iglesia es que los católicos aún no po­damos invocar a Chesterton como sin duda merece: san Gilberto.

Leo con alborozo en el semanario «Alfa y Omega» que se acaba de iniciarla causa de beatifica­ción de Gilbert Keith Chesterton, uno de los más gran­diosos escritores de la historia y, sin lugar a dudas, el más sagaz, divertido y luminoso de los apologetas de la fe católica del siglo XX.

A los relatores de la causa les bastará leer las obras de este titán de la pluma —tan delicadamente paradójicas, tan hondas y ame­nas, tan tocadas por la Gracia— para descubrir que no ha habido mortal que merezca más cabalmente el reconocimiento de su santidad; y no se me ocurre acto más congruente con Benedicto XVI —quien, sin duda, será re­cordado como «el Papa de la Razón», el Papá que hizo más inteligible a Dios a través de la inteligencia— que la canonización de Chesterton; que dedicó su vida al mismo esfuerzo, con re­sultados tan hermosos y perdurables.

Tengo entendido que, para que prosperen las causas de beatificación y canoniza­ción, debe acreditarse la comisión de varios mila­gros. De Chesterton, desde luego, pueden acreditarse cientos de miles. Ignoro si mediante su intercesión los tullidos han recuperado el movimiento y los cie­gos la vista; sí puedo asegurar en cambio (quien lo probó lo sabe), que la lectura de sus libros ha abierto las esplendorosas estancias de la fe para muchos lec­tores que deambulábamos por pasadizos sombríos.

Y aquí convendría delimitar la verdadera naturaleza de los milagros, a la luz de lo que el propio Chesterton escribe en Ortodoxia. Fijémonos en los que realizó Jesús: cualquiera de ellos —curar a los enfermos, multiplicar los panes y los peces, incluso resucitar a los muertos— palidece ante el que sin duda es el más pasmoso de todos ellos: que unos pescadores analfabe­tos se convirtieran en anunciadores del Evangelio.

También Chesterton ha conseguido, a través de sus li­bros, que quienes se aproximan a ellos en busca de un mero deleite estético e intelectual reciban el don de la fe. Alcanzar ese don siempre tiene un componente mi­lagroso; alcanzarlo a través de la inteligencia consti­tuye el más vertiginoso y acendrado de los milagros. Los lectores de Chesterton, como aquellos pescadores analfabetos que escuchaban las predicaciones de Cristo, hemos saboreado el suculento placer que pro­cura la aproximación a lo sublime a través de la inteli­gencia.

Las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan me reclaman a veces recomendaciones de lectura. Me permitirán que en esta ocasión, para celebrar el ini­cio de la causa de beatificación de mi escritor predi­lecto, les lance una propuesta. Se trata de un libro que resume en apenas trescientas páginas la historia de la humanidad, que es también la Historia de la Salva­ción; uno de esos libros —como Las confesiones de san Agustín o la poesía de san Juan de la Cruz— que cons­tituye en sí mismo una obra maestra de la literatura, pero que al mismo tiempo es algo más, mucho más: es la gracia divina hecha escritura, transmutada en pa­labras gozosas, de una belleza y un ardor intelectual, de una amenidad y una hondura tales que quienes las leen tienen la sensación de haber sido bautizados de nuevo.

El libro en cuestión se titula El hombre eterno, editado en español por Ediciones Cristiandad. Regá­lenlo estas Navidades a sus amigos, a sus enemigos, a sus parientes, incluso a sus suegras; y, sobre todo, léanlo ustedes, léanlo con detenimiento y unción, pa­ladeando cada razonamiento, cada paradoja, cada me­táfora, cada fulguración de la inteligencia. No se de­moren ni un instante más y encárguenlo a su librero.

Les aseguro que no les defraudará. Y, después de leí­do, convendrán conmigo en que a su autor sólo hay un modo de invocarlo: san Gilberto Chesterton. Antes in­cluso de que lo canonicen.

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Paso de los Pirineos


A finales de 1937, San Josemaría, con unos pocos hijos suyos y algún amigo, pudieron pasar clandestinamente a Andorra y Francia, a través del Pirineo, y regresar a España por la llamada zona nacional.

Este tráiler, es de un documental sobre ése Paso de los Pirineos