Cualquier profesor debería preguntárselo: ¿Inspiras?


Quizá sea por lo reciente de los últimos retoques al blog, o porque me he inyectado seguidas dos conferencias de las que dan energía. El caso es que me pongo a escribir. En la última de esas dos conferencias, Álvaro González Alorda daba ideas muy interesantes sobre lo que debe ser y hacer un profesor.

Antes de enseñar mis cartas, os dejo el vídeo. Es una inversión de 24 minutos que merece la pena, sobre todo si os dedicáis al mundo de la docencia.

¿Qué es ser inspirador?

Inspiras si tienes capacidad de luchar, de mejorar, de cambiar tus hábitos y ayudar a otros a cambiarlos. Algo que se llama coherencia. Puedes dedicar mucho tiempo a hablar en público. Utilizar citas motivadoras, recurriendo siempre al argumento de autoridad que facilita citar a los grandes clásicos.

Bastará una acción equivocada (espontánea) para que dejes ver tu interioridad, tu forma REAL de ser. Algo que si dista demasiado de lo que tus palabras dictan, generarán automáticamente un sentimiento de rechazo en el auditorio. Así de sencillo.

Por otro lado, el coherente, el íntegro; al menos, el que lucha por serlo, tiene capacidad de generar cambios en los que le rodean. Éstos, animados por el ejemplo del que luchar, querrán también participar en la batalla cuyo premio es el éxito.

La lucha ordinaria

Me parece también interesante, que Álvaro se refiera a lo ordinario. Porque, efectivamente, en circunstancias extraordinarias cualquiera puede iniciar un camino diferente. El problema nos lo trae la estadística: es muy probable que circunstancias tan extraordinarias, como para propiciar un cambio de rumbo en nuestra vida, no se den a lo largo de los años que pasemos en la Tierra.

Propone, en cambio, Álvaro, que busquemos la disciplina de lo ordinario. Más ardua, mucho más exigente y comprometedora. Pero la Historia demuestra que es el mejor camino de cambio que existe.

3 requisitos para inspirar, 3 nada más

Los escasos años que llevo dedicado a la docencia, me sobran para reconocer el acierto en los tres rasgos que aporta Álvaro del profesor inspirador.

  1. El profesor inspirador experimenta: no tiene miedo de lanzarse a innovar. De entregarse a los brazos de lo desconocido. En concreto, en los brazos de la tecnología. Con prudencia y a ritmo adecuado, pero es el camino. Los que se oponen al cambio terminarán por desaparecer. Dentro de muy pocos años se quedarán sin audiencia, porque no solo dejaron de inspirar hace muchos años, sino que el alumnado irá dejando de escucharles poco a poco. No voluntariamente, sino porque no tienen herramientas para comprender lo que dice un profesor anquilosado en sus años mozos, cuando iba a la universidad. Por tanto, nada de miedo al cambio. ¡Valor!, para aprender a hablar el idioma de las nuevas tecnologías, hasta tal punto que se convierta en nuestra lengua madre. Con mesura, con paciencia, pero sin pausa.
  2. El profesor inspirador conversa: Todavía quedan demasiados profesores de tarima. Son los que nombraba en el punto anterior. Aquéllos que continuamente hablan de sus años de universidad. Aquéllos que viven anclados en el añejo recuerdo de cómo eran los alumnos hace 20 años. El alcanfor, genera tal rechazo a su alrededor que, habitualmente, el rechazo se contagia a sus compañeros de trabajo. Cuando un profesor dedica tiempo a sus alumnos disfruta aprendiendo de ellos. Y no me refiero a organizar un “aula invertida”. No. Me gusta el ejemplo que aparece en el TEDx anterior. Me refiero -con Álvaro- a tiempo no remunerado. Dar tu tiempo, el poco que te queda después de preparar las clases y corregir exámenes. ¿Las preparas? ¿Los corriges a tiempo? De las conversaciones con los alumnos sacarás mucha sabiduría, la que encierran sus mentes adolescentes y la peculiar forma de ver el mundo que tienen. Sigo parafraseando, conversaciones desinteresadas, que no esperan nada a cambio. Eso genera confianza, estrecha el lazo entre profesor y alumno. Le ayuda a confiar.
  3. El profesor inspirador lucha por ser íntegro: Coherencia. Capacidad de superación. Ansia por seguir aprendiendo. Búsqueda constante de la verdad.

Resumir, que no es gerundio

Me quedo con la sensación que tenía antes de empezar a escribir. Estoy bajo de forma. Pero, al menos, me queda la satisfacción de haber ordenado mínimamente las ideas en mi cabeza. Un orden tan mínimo, que quizá solo sirva para recordarlas hasta después de verano. Pero estoy seguro del buen sabor de boca que deja manosear este ideal: darle vueltas y más vueltas a cómo mejorar el trabajo que realizamos cada día los profesores. Como mínimo, tengo la tranquilidad de que tener estas ideas en la cabeza puede ayudarme a hacerlas realidad en mi trabajo. Lo malo sería que no las tuviera.

Espero no estropearlo.

Jesús Vélez

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