San Josemaría entra en Madrid con las primeras tropas el 28 de marzo


En este vídeo se puede ver “supuestamente” entre los minutos 7:43-7:47 a san Josemaría Escrivá.

Ahí va un testimonio, tomado de la biografía de Andrés Vázquez de Prada, tomo II. Evidentemente, Justo Martí le vio en otro momento del mismo día.

Justo Martí Gilabert, un estudiante de Ferraz, el curso 1935-1936, describe la entrada de don Josemaría con las primeras tropas en Madrid:
«Me situé en la esquina de la Plaza de España, donde acaba la calle de Bailén y empieza la de Ferraz, frente a frente del Paseo de S. Vicente. Así las cosas, con la emoción que es de suponer, cuál sería mi sorpresa y entusiasmo al ver que en el primer camión que subía renqueando la Cuesta, en el “baquet” del mismo, a la derecha del chófer, iba nuestro Padre. Yo no era entonces de la Obra, pero como residente de Ferraz, nº 50, conocía y solía dirigirme con el Padre desde octubre o noviembre de 1935.
Al reducir la marcha el camión, por la cuesta del Paseo de S. Vicente —por eso se llama indistintamente Paseo o Cuesta— y por la curva que tuvo que dar para enfilar la calle de Ferraz, la visibilidad del Padre fue casi obligada, máxime cuando era la primera sotana que se veía desde julio de 1936. Verle y exclamar con toda la fuerza y máxima euforia: “¡Padre!”, fue todo uno, algo incontenible. El Padre contestó: “¡Justo, hijo mío!”, y acto seguido mandó al conductor que parara y que hiciera el favor de hacerme un huequecito para caber los tres. Yo perdí el control ante la sorpresa tan grande, abalanzándome sobre él cubriéndole de besos y de abrazos. A los dos minutos escasos nos encontrábamos frente a la Residencia de Ferraz, nº 16».
Allí se detuvo unos momentos el camión. «El Padre no hizo más que asomarse y ver por sus propios ojos que estaba materialmente deshecha, teniéndose en pie sólo la fachada agujereada por varios impactos de obuses que los nacionales lanzaban desde el Cerro Garabitas, de la Casa de Campo, sobre aquella parte de Madrid que prácticamente era ya frente de guerra. Me parece que nuestro Padre no estuvo más que un par de minutos contemplando aquel montón de escombros, y acto seguido volvió al camión indicando al conductor que fuera hacia una casa de la calle Caracas, uno de cuyos pisos era de los padres de José Mª Barredo» (Justo Martí Gilabert, RHF, T-06358, pp. 3 y 4).

Jesús Vélez

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