Amar con lo pequeño


En mis años universitarios, me encontré, primero en una plaza barcelonesa y posteriormente en Monserrat, estas palabras de Joan Maragall: Esforça’t en el teu quefer com si de cada detall que pensis, de cada paraula que diguis, de cada peça que posis, de cada cop de martell que donis, depengués la Salvació de la humanitat, perquè en depen, creu-ho. Tomé nota de ellas porque sintonizaban muy bien con lo que yo andaba tratando de aprender de Camino, la obra más conocida del fundador del Opus Dei. Gustaba san Josemaría de vivir y enseñar el amor a las cosas pequeñas, apuntando que eran las que ordinariamente íbamos a encontrar en nuestra vida y que, en cualquier caso, no realizaríamos nada grande si llegaba la ocasión sin el entrenamiento en lo pequeño. Por ejemplo escribe lacónicamente en el libro citado: «Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas».

Aun abusando de las citas en otras lenguas, recuerdo unas palabras de aquel gran especialista en Derecho Romano que fue Álvaro D’Ors. Las estampó en el libro de firmas de un Colegio Mayor: Qui curat parvus, magnus; qui autem magnus, parvus —el que cuida lo pequeño es grande; sin embargo, el que cuida lo grande es pequeño-. Naturalmente, no despreciaba el jurista a los autores de grandes hazañas, sino que no creía en aquellos que sólo buscan lo grande. Ahora que estamos en las Olimpiadas, también conecta con todo esto otro punto de Camino: «Me dices: cuando se presente la ocasión de hacer algo grande… ¡entonces! -¿Entonces? ¿Pretendes hacerme creer, y creer tu seriamente, que podrás vencer en la Olimpiada sobrenatural, sin la diaria preparación, sin entrenamiento?»

Solía citar también este autor a Tartarín de Tarascón, aquel personaje de Daudet que, en su afán de realizar aventuras prodigiosas, salía a cazar leones por los pasillos de su casa. Era el prototipo del que, persiguiendo sólo lo grande, acaba en lo ridículo. Luego, he leído en Introducción al Cristianismo estas palabras del cardenal Ratzinger: «En un mundo que en el último término no es matemática, sino amor, lo minimum es maximum, lo más pequeño que pueda amar es lo más grande, lo particular es más que lo general; la persona, lo individual, lo irrepetible, es también lo definitivo y lo supremo». Obviamente, no se trata de un canto al egoísmo, sino a la persona y a lo realizado con amor. Páginas atrás ha escrito que ese maximum, que es Dios, sigue siéndolo cuando se ha hecho minimum, hombre dedicado a las tareas más corrientes en el hogar de Nazaret.

Dios se ha hecho pequeño y nos invita a amar con lo pequeño: si no os hacéis como niños no entraréis en el reino de los cielos. La vida diaria puede estar repleta de sonrisas o de caras adustas, del detalle de la puntualidad o de la llegada tardía, de un pequeño ahorro que nos hace más sobrios o del gasto innecesario y descontrolado, de la generosidad en un regalo oportuno o la tacañería olvidadiza, del orden en la ropa o de la llegada a casa arrojando prendas y objetos varios, de la palabra amable o de la respuesta brusca, de un modo de vestir agradable a los demás o de una indumentaria ofensiva para la vista, de una palabra de respeto a la opinión ajena o de un modo de contradecir airado, del buen hacer o de la chapuza, de la reacción paciente o de aquella molesta, etc. La lista puede alargarse indefinidamente para vivir virtudes como el orden, la laboriosidad, la sinceridad, la comprensión, la caridad, el desprendimiento y buen uso de los bienes, la lealtad, el buen hablar, la abnegación, la valentía, la humildad, etc.

No son rutinas, sino todo lo contrario. Se trata de encontrarle frescura al vivir diario, a fuerza de buscar esa lozanía en tantas pequeñeces que están al alcance de todos. Hace muchos años, escuché de una persona con muy pocos recursos económicos: Mire, yo prefiero una sonrisa a veinte duros. Tal vez el secreto esté aquí: «Hacedlo todo por Amor. —Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. —La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo» (Camino).

 

  • Pablo Cabellos Llorente
    Pablo Cabellos Llorente
    Doctor en Derecho Canónico y Ciencias de la Educación
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