Demografía y políticas natalistas


escrito por Demografía y políticas natalistas

El análisis de cualquier sociedad debe partir de su demografía, en especial, si se la da un enfoque económico y sociológico. Sin embargo, en muchas ocasiones, es necesario superar la información estadística y preguntarse cuál es la realidad personal, es decir, cultural y moral que nos revelan cuantitativamente esos datos. Este es uno de los casos.

Por último, el 80% de la población mundial, es decir, cerca de 4.900 millones vive en las zonas menos desarrolladas del mundo. El índice más alto de crecimiento de la población mundial se registró en el período 1965-1970, con un 2% anual. En la actualidad está creciendo al 1,2% anual. El 95% de ese crecimiento tiene lugar en los países menos desarrollados, mientras que en los más desarrollados crece apenas el 0,2% al año, lo que significa que puedan duplicar su población en 29 años.

En efecto, el 59% de la población mundial reside en las zonas en vías de desarrollo de Asia y Oceanía, con países como China, con más de 1.200 millones de habitantes y la India con más de mil. En Africa está el 13% de la población mundial, e19%, es decir, cerca de 550 millones residen en Hispanoamérica, done destaca Brasil, con más de 170 millones de.Un primer problema salta a la vista si se introduce en el análisis la variable económica del Producto Interior Bruto Regional, es decir, el conjunto de bienes y servicios producidos dentro de una determinada región o área geográfica. A los países en desarrollo de Asia y Oceanía le corresponde el 27% del total; a Hispanoamérica, el 9%; a Africa, el 4%. Por contraste, a Europa corresponde el 27% y a Norteamérica (EEUU y Canadá), el 24%.

El Producto Interior Bruto de otros países desarrollados (Australia, Nueva Zelanda, Japón) que reúnen el 2% de la población mundial, representa el restante 9%.

También, desde esta perspectiva, el crecimiento económico global, en la segunda mitad del siglo XX, presenta los rasgos de un ritmo de incremento sin precedentes, más rápido incluso que el de la población, y su desigual distribución.

El resultado es que cerca de la cuarta parte de la población de las zonas menos desarrolladas y en vías de desarrollo, equivalente a unos 1.200 millones de personas, vive en niveles de absoluta pobreza (con menos de 1 USA $ al día). Ese porcentaje ha decrecido a partir de la mitad de la década de los 80, aunque no al ritmo necesario para reducirlo a la mitad en el año 2015.

EL PROBLEMA DE LA BAJA NATALIDAD

El problema de la baja natalidad afecta, en particular, a los países más desarrollados y también muy desigualmente. La población de Estados Unidos creció el 13,2% entre 1990 y el año 2000, hasta alcanzar los 282 millones de habitantes. Este crecimiento es muy irregular, con tasas muy altas, como Nevada (66%) y Arizona (40%) y otras mucho más reducidas, como Nueva York (5,5%) y Pennsylvania (3,4%).

El crecimiento natural -es decir, la diferencia entre nacimientos y fallecimientos- más bajo, corresponde a Europa, que contaba con unos 375.300.000 de habitantes a principio del año 2000. En concreto, el conjunto de la UE sólo aumentó su población en 762.469 personas por ese concepto desde 1998. A ese crecimiento demográfico natural habría que añadir el saldo emigratorio positivo, que ascendió a unas 717.000 personas en 1999. Del millón de habitantes en que aumentaron su población los países de la UE en ese año, las tres cuartas partes se debieron a la emigración.

En ese mismo año, la tasa conjunta de natalidad descendió, registrándose un millón de nacimientos, un 0,5% menos que en 1998. España es uno de los países con menor índice de natalidad: 9,4 nacimientos por cada mil habitantes. Por detrás sólo se encuentran Alemania (9,3) e Italia (9,1). Al otro extremo, el país con mayor tasa de natalidad es Irlanda (14,3), seguida de Luxemburgo (13), Francia y Holanda (con 12,6 en ambos casos).

La tasa de mortalidad también disminuyó, siendo las más elevadas la de Dinamarca (11,1 fallecimientos por cada 1.000 habitantes), Portugal (10,9) y Reino Unido (10,8). La menor es de Irlanda (8,4).

En resumen, la población de los distintos países evolucionó muy desigualmente, con crecimientos superiores al 1% en Irlanda y Luxemburgo, mientras que España y Grecia no superaron el 0,1 %. En nuestro país parece darse recientemente un incremento en la tasa de natalidad, tal vez por el denominado “efecto Infantas”.

La consecuencia más evidente que se desprende de estos datos es el alarmante envejecimiento de la población en los países de la UE.

PREOCUPACIÓN DEL CONSEJO EUROPEO

El Consejo Europeo ha manifestado reiteradamente su preocupación por las consecuencias ineludibles de esta situación demográfica. En su última reunión celebrada los días 23 y 24 de marzo, el Consejo abordó “el reto demográfico del envejecimiento de una población en la que la proporción de personas en edad laboral es cada vez menor”.

Los resultados económicos de la UE -constata el Consejo- han mejorado considerablemente los últimos años, experimentando un crecimiento aproximado del 3,5% en el año 2000, lo que ha permitido crear 2.5 millones de empleos, dos tercios de ellos ocupados por mujeres. Existen, además, factores que permiten, a medio plazo, continuar con crecimiento del 3% anual si adoptan adecuadas políticas macroeconómicas y las reformas oportunas.

Todo ello es necesario -concluye el Consejo- para hacer frente a los “próximos retos demográficos”. No es momento para la autocomplacencia, afirma finalmente.

Este reto demográfico, tal como se define en las Conclusiones de la Presidencia de la citada reunión del Consejo Europeo de Estocolmo, consiste, principalmente, en que “el número de hombres y mujeres jubilados aumentará rápidamente mientras que la población en edad laboral empezará a disminuir hacia 2010. Ello -añade- va a ejercer una presión importante en los sistemas de seguridad social, en particular sobre las pensiones, la asistencia sanitaria y la atención a los ancianos”.

Para hacer frente a este reto será necesario elevar las tasas de empleo, reducir la deuda pública y adecuar los sistemas de protección social, incluidos los de pensiones.

En este marco el Consejo se marca como objetivos: – Aumentar la tasa de población activa y fomentar la prolongación de la vida activa

– Aumentar la tasa media de empleo para las personas de más edad (55 a 64 años) hasta el 50%, el 2010

– Alcanzar el pleno empleo en el año 2010 con tasas intermedias del 67% en general y el 57% para las mujeres, en el año 2005

– Políticas de educación, cultura y capacitación, para convertir a la UE en una economía basada en el conocimiento

– Facilitar la movilidad de los trabajadores en un nuevo mercado abierto, y

– Crear, en el año 2002 indicadores sobre el suministro de medios para la atención a niños y otras personas dependientes y sobre regímenes de ayudas familiares.

POLÍTICA DE POBLACIÓN y FAMILIA

El tratamiento que el Consejo Europeo da al “reto demográfico”, enfocándolo desde el punto de vista del envejecimiento y sus consecuencias, en especial, en el empleo y los sistemas de seguridad social es conforme con sus funciones de dar a la UE los impulsos necesarios para su desarrollo y de definir sus orientaciones generales (art. 4 TUE).

En efecto, la política de población y de familia no está transferida a la Unión y es, por tanto, competencia exclusiva de los Estados miembros. Sin embargo, sí figura entre los objetivos de la Unión el “promover un alto nivel de empleo”.

Además, parece razonable admitir que las mejores políticas de familia son las políticas de empleo, como acaba de declarar el Ministro español de Trabajo (Vid. ABC, lunes 4 de junio de 2001), quien no descarta las ayudas directas, en ciertos casos de necesidad, pero subraya la prioridad de las políticas fiscal y de empleo como vías de ayuda a la familia. El Ministro anuncia, además, que se está estudiando -como instrumento más idóneo que una Ley de Familia- “un Plan Integral de la Familia, que considera imprescindible para coordinar los esfuerzos de políticas como vivienda, educación o las propias fiscalidad y empleo, que dependen de diferentes Departamentos, incluso de diferentes Administraciones Políticas, como la Autonómica.

De hecho, las deducciones fiscales por familia numerosa y por nacimiento o adopción de hijos están en manos de las administraciones autonómicas, lo que hace que varíen en su cuantía y régimen de aplicación.

A este respecto, el Ministro, en las declaraciones citadas, declara “tener la conciencia tranquila por el tratamiento fiscal que reciben las familias españolas”; no porque lo considere suficiente, sobre lo que no se pronuncia, sino porque “es mejor que el que tenían hace unos años”. Sin embargo, reconoce que “merece la pena hacer un esfuerzo”, lo que resulta evidente si ven las cifras de las deducciones fiscales por familia y se recuerda que España está a la cola de los países miembros de la UE por ese concepto.

¿POR QUÉ LA GENTE NO TIENE HlJOS?

Si la pregunta metafísica radical es ” ¿por qué existe algo?” en la materia que venimos tratando sería, en mi opinión, “¿por qué la gente no tiene hijos o tiene pocos?”.

La respuesta más obvia es, para mí, porque no quiere o considera que no puede tenerlos. Es decir, en función de una decisión que se resuelve en último término en el ámbito de las conciencias individuales: las Leyes, los planes, las ayudas indirectas o directas a la familia, las políticas de empleo son elementos de enorme importancia considerados conjuntamente para tomar una decisión, pero insuficientes y, por tanto, no determinantes de la decisión personal en esa materia.

En mi opinión, los elementos decisorios residen en “el sentido de la vida”, predominantes en la cultura de cada momento histórico. Tomo aquí la palabra cultura en el sentido de modos de vida, de categorías vitales, de valores, costumbres que conforman la vida de las personas en una época o una sociedad determinada.

Entre esos valores me atrevo a señalar, con intención más enumerativa o, si me apuran Vds., más provocadora que sistemática, entre otros, los siguientes:

– la concepción utilitarista de la existencia, que se extiende a casi todas las áreas de la vida personal, familiar y social

– en concreto respecto del hombre, con palabras de Juan Pablo II, la vigencia de una antropología del pragmatismo, consistente en una visión unidimensional del ser humano, que se concibe ajeno alas grandes cuestiones éticas ya los análisis existenciales sobre el sentido del sufrimiento y el sacrificio, de la vida y de la muerte (Fides et Ratio, 89)

– la ausencia como factor operativo e integrador de la conciencia individual cotidiana de fundamentos axiológicos, lo que lleva a la fragmentación de las decisiones de conciencia y al pragmatismo

– .la duda respecto de la humanidad del hombre y aun su misma identidad, negación del carácter sustancial del yo-personal o de su continuidad, lo que lleva a posturas nihilistas

– la aparentemente paradójica yuxtaposición entre una seguridad material propia de una sociedad del bienestar, que refleja una mentalidad positivista que confía que el avance científico y tecnológico puede llevar al hombre a la felicidad, y el miedo a la vida que conduce al nihilismo y al instinto de no perpetuarse, “la cultura de la muerte” (Juan Pablo II). De nuevo con palabras de Juan Pablo II, una de las mayores amenazas de este fin de siglo es la tentación de la desesperación.

CAMBIAR ESA SITUACIÓN

El antídoto contra esas causas está en el empeño por cambiar esa situación, transformando en cultura los principios de una concepción cristiana de la existencia, lo que, en opinión de muchas y muy autorizadas voces, es la tarea más urgente de nuestro tiempo.

En esa tarea hay mucho hecho, toda la tradición cultural europea, y aunque eso es lo que se combate, esa batalla no es nueva, sino tan antigua como nuestra propia cultura y durará hasta el final de los tiempos. No hay “fin de la historia” tampoco en este campo. El final de la cultura es algo personalísimo, es un resultado en la persona que la encarna, por ello no es inútil cualquier esfuerzo por limitado que sea.

De ahí, la importancia de los GEA, a los que todos Vds. dedican su esfuerzo y a los que hay que sumar más personas, ampliar más sus ámbitos de actuación, diversificar y ampliar sus medios. En ello estoy seguro que están todos Vds. Muchas gracias.

Un mundo que se predica globalizado exige, para empezar, conocer los datos demográficos globales. La población mundial es, en este año 2001, de unos 6.100 millones de habitantes. El siglo XX ha sido el escenario de un crecimiento de la población sin precedentes, pues en 1900 sólo habitaban la tierra 1.600 millones de personas. El 80 por 100 de su crecimiento tuvo lugar a partir de 1950. Los últimos mil millones nacieron en un período de tan sólo 12 años, entre 1987 y 1999, él más corto que se conoce en la historia del mundo para un crecimiento semejante.habitantes.

En Europa vive el 12% de la población mundial y el 5% en Norteamérica (EEUU y Canadá). Es decir, unos 732 millones en Europa y unos 305 en Norteamérica, en total unos 1.037 millones en el llamado Occidente.

Una primera conclusión es, por tanto, que la población mundial está creciendo, aunque a menor ritmo que hace treinta años, pero muy desigualmente. La existencia de países con una población estancada o decreciente, inmersos en un preocupante proceso de envejecimiento, sólo se puede predicar de determinadas regiones del mundo y, muy en concreto, de Europa.

IMPORTANCIA DEL PRODUCTO INTERIOR BRUTO REGIONAL

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