El mito de la sobrepoblación


No serán pocas las personas que consideren las críticas a las políticas de control poblacional como un acto de oscurantismo y de intransigencia. En nuestra sociedad se ha aceptado como síntoma de madurez una familia con pocos hijos, como si la responsabilidad se pudiera medir en términos cuantitativos

La realidad es que tan irresponsable es el matrimonio que tiene muchos hijos sin contar con los medios necesarios para formarlos y mantenerlos, como el matrimonio que tiene sólo un hijo pero que no se compromete con su formación.

A final de cuentas, la paternidad y maternidad es un asunto en el que una pareja inicia uno de los proyectos de vida más difíciles que puede enfrentar cualquier persona: ser responsables del crecimiento y formación de una persona humana, con todas sus potencialidades, necesidades y posibilidades.

Cuando por indolencia o incapacidad los padres no están dispuestos o no pueden poner los medios para que un hijo se desarrolle plenamente en el aspecto físico, afectivo, intelectual y espiritual, están cometiendo un acto de profunda irresponsabilidad que difícilmente se puede justificar.

Si a los problemas inherentes a la formación de los hijos le agregamos la intervención, en ocasiones abusiva, de organismos estatales e internacionales que pretenden imponer una visión particular y parcial de la persona humana, la decisión de tener hijos, que debería de ser una decisión eminentemente personal, se convierte en un asunto de agenda al servicio de ciertos grupos de poder.

En ese sentido, valdría la pena considerar el perfil del organismo que auspició este 11 de julio el «Día mundial de la población», el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). De acuerdo a su portal:

«apoya a los países en la utilización de datos socio-demográficos para la formulación de políticas y programas de reducción de la pobreza, y para asegurar que todo embarazo sea deseado, todos los partos sean seguros, todos los jóvenes estén libres de VIH/SIDA y todas las niñas y mujeres sean tratadas con dignidad y respeto».

Analizando la misión de ese organismo valdría la pena analizar algunos de sus presupuestos:

Para empezar, pareciera que dan por sentado que existe una relación directa entre población y pobreza. Bajo esa perspectiva, habría que preguntarse por qué naciones europeas con algunos de los índices de pobreza más bajos en el mundo y tasas de crecimiento poblacional constantes o negativas, tienen programas de apoyo para que sus familias tengan más hijos.

Por otro lado, parecieran ignorar que el fenómeno de la pobreza tiene muchas causas que pueden ir más allá de la población de un país, como pueden ser cuestiones culturales, políticas o geográficas.

En su siguiente punto, dan un salto de un ámbito social, como es el problema de la pobreza, a un ámbito personal, en el que hacen la suposición de que sólo por desear un hijo se asume la responsabilidad de formarlo y criarlo.

Sus siguientes líneas de acción, partos seguros y jóvenes sin VIH/Sida, están más relacionadas con cuestiones culturales y de infraestructura de los países: hospitales, vías de comunicación, suministros y formación de personal médico, que con la población.

Finalmente, su postura de buscar que todas las mujeres sean respetadas es un tema cultural que parece estar más allá de su competencia.

En el fondo de esta declaración se puede apreciar una premisa errónea: considerar a las personas únicamente desde una perspectiva numérica. El problema de esa postura es que no enfoca la situación de la población desde un ángulo correcto. Cuando se ignora el potencial y la inminente dignidad de la persona humana y se le considera únicamente como un objeto que se puede cuantificar, las propuestas que se hagan difícilmente solucionarán el problema porque no lo están considerando de manera integral.

El problema principal es que nuestra sociedad ya ha adoptado como válidas las premisas de quienes consideran que el problema poblacional es de número y no de personas. Porque a final de cuentas, el problema de población se resolverá en el seno de la pareja que conscientemente decida empeñarse en la crianza y formación de sus hijos. Y es que cada persona es única e irrepetible, cada hijo, cada padre y cada madre tienen capacidades y entornos diferentes que no están determinados por el número, sino por la libertad de cada persona y su disposición a asumir compromisos.

José Manuel Ortiz Rodríguez

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