Varón y mujer


Mucho se habla actualmente de la tolerancia, de igualdad, de derechos. Los nuevos aires modernos parecen soplar en la dirección de la uniformidad, donde no debe haber lugar para la distinción y lo particular. La individualidad cede terreno frente a la tendencia igualitaria y avasalladora de los discursos aparentemente modernos. Frente a esta corriente de pensamiento, donde todo debe ser siempre matizado y nada certero, los conceptos de hombre y mujer no quedan exentos de los ataques.

Empecemos por decir que hombre y mujer, por naturaleza, son distintos, pero a la vez unidos por una necesaria complementariedad. Quedan afuera de este planteo aquellas teorías oportunistas que aspiran a poner en un mismo nivel dos naturalezas hechas para ser diferentes desde el primer momento. La introducción de la famosa teoría de la «perspectiva de género» en el precario ambiente intelectual pone de manifiesto la intención de colocar en el mismo nivel a los dos sexos. Hablar de género posibilita una mayor «amplitud» de concepto, ya que la palabra «sexo» remite necesariamente a las diferencias y no a las similitudes. El género es una opción, una palabra que me permite introducir no sólo a masculino y femenino dentro del grupo, sino además todas las demás variantes nacidas de lo antinatural, de lo anormal: género homosexual, bisexual, transexual, lesbiana, etc. Es decir, no sólo nos quedamos con el masculino y femenino, sino que además, el marco teórico permite introducir nuevos elementos a la configuración social. La palabra «sexo», por su misma etimología y naturaleza, excluye toda posibilidad de lograrlo. Por eso es importante destacar que no sólo es una diferencia semántica, de palabras, sino que abarca y contiene a toda una corriente de pensamiento reñida con la ética y la moral. Y no hace falta recurrir a Dios para explicarlo.

La aspiración de igualar en todo al hombre con la mujer es una pretensión absurda, basta un poco de sentido común para darse cuenta de ello. ¿Cuál es el sentido entonces de la originaria diferenciación entre los dos? ¿Para qué nacemos distintos? ¿Para borrar toda huella de distancia y diferencia o para buscar la complementariedad?

Hay que tener muy en claro que hombre y mujer no sólo son diferentes en el aspecto físico, sino también en el psicológico. El hombre no piensa igual que la mujer y viceversa. Y si fuéramos todos iguales, pues no necesitaríamos de nadie para crecer y desarrollarnos, ya que mi semejante no tendría nada para aportarme, todos tendríamos la misma configuración y el mundo se reduciría a una muda contemplación de unos con otros. ¿Absurdo no?.

En la diferencia está la clave del desarrollo de ambos sexos. La pretensión de igualar en todo a todos es el camino directo a la destrucción de la realización personal. Gracias a esas diferencias encontramos debilidades y modos de suplirlas y superarlas. Por eso, tanto el feminismo como el machismo están compuestos de ideas pobres y sin sustento. Es un deber de ambos sexos transmitir y compartir la riqueza que llevan consigo con el otro, con quien debe ser quien me ayude a desarrollarme como persona, sin necesidad de una relación personal, basta con una relación de rutina, la diaria.

Cuidado con el discurso de «los mismos derechos para todos.» Hombres y mujeres no siempre necesitan lo mismo, no tienen porqué saber todo lo que el otro sabe. Hay que buscar la riqueza en la diferencia y no en la irrisoria ilusión de estandarizar y quitar todo rastro de lo particular, tanto en el varón como en la mujer.

Por Mariano Martín Castagneto

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