Cuenta nueva


VOY a enterrar Mayo del 68. Esta es la frase que le ha dado a Sárkozy la presidencia de Francia. Se ha ofrecido, Sarko, al pueblo francés como el enterrador, el sepulturéro y el oficiante mayor de la ceremonia en las honras fúnebres de Mayo del 68. Borrón y cuenta nueva sobre la casi infinita lista de desgracias  y calamidades con las que se ha desayunado la pobre, la decrépita, Europa en los últimos casi cuarenta años por mor y razón de aquellas revueltas, revolucionarias un día, folloneras el siguiente. Una clara mayoría del pueblo francés está ya hasta las narices de tantos cuentista, de tanto subvencionado, de tanto enganchado y de tanto inútil escondido tras cuatro consignas de chichinabo para seguir viviendo del cuento progre. Siempre progres. Eternamente progres, que eso da para bien vivir. Por eso han votado lo que han votado: Ha hablado Sarkozy de autoridad, de esfuerzo, de mérito, de moral. Ni el mismísimo Lucifer que se les apareciera les daría más repelús a estás mes nadas de inútiles. Odian cordialmente, vivamente, fogosamente, esas palabras, estos conceptos. Ellos lo que quieren es dinerito, pelas, eurillos por la cara y que nadie les pida cuentas. Subvención forever. La prueba del algodón de cómo son estos prendas la tienen en su reacción a la clarísima victoria del candidato de la derecha francesa. Cuatrocientos coches incendiados y trescientos gamberros detenidos en la noche electoral. Son así. Cuando los oyes no se les cae la palabra democracia de sus mentirosos labios. Hablan del pueblo,  de las libertades, de los derechos y de todo lo que ustedes quieran. En cuanto pierden unas elecciones se ponen muy nerviosos y no hay manera de que se traguen el, para ellos, sapo. Si en vez de una, pierden dos, entonces, ni te digo de lo que son capaces… Ahí lo tienen. Tirando adoquines, incendiando coches y tratando de mandar la democracia a freír espárragos. En esto, hay que reconocer que son un poco torpes. Porque nadie, al parecer, les ha enseñado que no se debe morder la mano que te da de comer. Ellos piensan que en una república bananera, en una dictadura caribeña o en un gulag soviético les iba a ir mejor que ahora. Es su meta. Pues menuda se las gastan en esos sitios con los alborotadores. Y es que hay que ver las cosas que se les ocurre mentar a un presidente de Francia: autoridad, esfuerzo, mérito, moral. Y para colmo termina el caballero su discurso el día de la victoria electoral, igual que su oponente, con un ¡Vive la France! ¿Se imaginan un candidato en España rematando un discurso con un ¡Viva España!? Directamente detenido, con cargos y sin fianza.                                        

En Diario de Huelva, 8-V-2007

Rafael Ordóñez

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