Sien@, 281


SUMARIO

1

“Algo se mueve en Holanda”

comentario de diego contreras , periodista y profesor de comunicación institucional, en http://www.laiglesiaenlaprensa.com,  martes 2 de enero de 2007

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“La democracia laicista [¿una nueva religión]?”

articulo de rafael navarro-valls, catedrático de derecho eclesiástico de la universidad complutense de madrid, en el mundo miércoles 3 de enero de 2007

3

“Propóntelo, propónselo. [Evitar el sida]”

reseña de miguel ángel martínez , profesor de medicina preventiva y salud pública, en www.aceprensa.com [sobre el libro Propóntelo, propónselo. ediciones internacionales universitarias (2006) 166 pg. 10 €]

4

”La democracia de la confusión. Más allá de las palabras

articulo de eduardo garcía peregrín, catedrático de la universidad de granada y académico, en el diario ideal Granada,  jueves 21 de diciembre de 2006

5

 ”¿Por qué precisamente cristianismo?

comentario de louis de whol, escritor, en www.conoze.com,

1

“Algo se mueve en Holanda”

comentario de diego contreras , periodista profesor de comunicación institucional, en http://www.laiglesiaenlaprensa.com  martes 2 de enero de 2007

“¿Está Dios volviendo a Holanda, uno de los países más secularizados de Europa? La respuesta es sí, a juzgar por un largo artículo publicado en The Weekly Standard (1 de enero). Su autor, Joshua Livestro, que trabaja en el diario más difundido de Holanda, De Telegraaf, recoge algunos datos que muestran un cambio de tendencia. (Como dato de fondo, es útil recordar que las principales confesiones protestantes agrupaban, a finales de los años ’50, al 23 por ciento de la población; hoy sólo alcanzan el 6 por ciento. Los católicos ascendían en 1958 al 42 por ciento, pero hoy se han reducido al 17 por ciento).   

Según Livestro, son varios los elementos que inciden en este nuevo proceso: por un lado, el agotamiento de las corrientes “liberales” o “progresistas”  dentro de las confesiones cristianas. Por ejemplo, “el antes poderoso grupo ‘Ocho de mayo’ –un movimiento de la teología de la liberación nacido el 8 de mayo de 1985 para protestar contra la visita de Juan Pablo II a los Países Bajos- fue disuelto en noviembre de 2003 por la falta de interés de sus cada vez más escasos miembros”. Según los autores de un estudio sociológico, citado en el artículo, las tendencias liberales “están en agonía y serán sustituidas por una nueva ortodoxia”.

El otro factor es la incidencia de los inmigrantes cristianos. Habitualmente, se centra la atención en la inmigración musulmana (un millón), pero resulta que los inmigrantes cristianos en Holanda ascienden a unos 700 mil, y en los últimos años su flujo está superando al de los musulmanes. Lo característico de esos inmigrantes es que están dando vida a iglesias cristianas propias, al margen de las establecidas, un fenómeno típicamente protestante. El autor no menciona cómo es la influencia en la Iglesia católica.

En todo caso, hay pistas para deducir que también algo está cambiando. Hechos, por ejemplo, como “la casi inadvertida reintroducción de los crucifijos en las aulas de las escuelas católicas en todo el país”, o el cambio de actitud de los alumnos a la hora de mostrar su religiosidad en público. De confirmarse, este giro desmentiría la idea de que la secularización es un proceso irreversible”.

2

“La democracia laicista [¿una nueva religión?]”

articulo de rafael navarro-valls, catedrático de derecho eclesiástico de la universidad complutense de madrid, en el mundo miércoles 3 de enero de 2007

“España está sumergida en guerrillas ideológicas que hacen las delicias de los corresponsales extranjeros. Tras la guerra de las esquelas (dos memorias históricas en tensión), se desencadenó la guerra de los belenes (villancicos contra himnos laicos), la de los documentos (el del PSOE contra el de la Conferencia Episcopal ) o la de la financiación de las Iglesias (IU-ICV contra PSOE). Una confrontación en la que algunos de los contendientes se acusan mutuamente de representar al «nacional agnosticismo» o al «nacional catolicismo». Parecemos zambullidos en un intercambio de agravios que, en realidad, son manifestaciones sectoriales de una contienda de más amplio respiro: la de los laicismos. Ahora que el comienzo de un nuevo año suele aquietar las pasiones, intentemos también tranquilizar los entendimientos.

Estas confrontaciones no son nuevas ni tan originales como piensa la prensa francesa o americana. Con motivo de las recientes elecciones estadounidenses, algunos evangelistas radicales parecían pedir contra el laicismo militante una estrategia similar a la de Mac Arthur contra los japoneses durante la Guerra del Pacífico. Según uno de ellos, se hace necesario: «Rodear sus bastiones, sitiarlos, aislarlos, y, por fin, expulsarlos de sus búnkeres con el combate cuerpo a cuerpo». En el otro extremo del espectro, la historia real del laicismo -en toda Europa, incluida España- está llena de ejemplos de grupos religiosos que son disueltos por el Estado, de líderes religiosos que son arrestados por una alegada falta de lealtad, de propiedades de estos grupos que son incautadas por el Estado, y de denegaciones de personalidad jurídica a las congregaciones. Por supuesto, el principal objetivo de estos ataques laicos fueron, en el pasado, como ha demostrado Jeremy Gunn, la Iglesia, el clero y las congregaciones de monjes y monjas católicos.

Hoy en día, algunos objetivos populares del laicismo incluyen también ataques a movimientos religiosos que parecen inusuales, o no estrictamente europeos: desde el velo islámico a la kipá judía. Aunque el objetivo parece más de fondo: neutralizar cualquier inspiración religiosa de las políticas europeas.

No deja de tener razón Michael Burleigh cuando, después de estudiar rigurosamente el fenómeno, concluye: «Dado que en la historia del laicismo europeo hay periodos oscuros, incluido un genocidio cometido en nombre de la razón, quizá las personas religiosas deberían mostrarse menos a la defensiva de lo que suelen frente a los ataques de algunos laicistas radicales».

En efecto, los creyentes europeos -incluidos los españoles- deben ser conscientes de que la derecha moderada y la izquierda razonable -al menos la americana- no rechazan la inspiración religiosa de las actuaciones públicas. Michael Walzer, profesor de Filosofía política en Princeton, uno de los gurús más escuchados de la izquierda americana, ha recordado que a nadie causaba extrañeza «cuando Martin Luther King sostenía que todos habíamos sido creados a imagen y semejanza de Dios, o cuando los abolicionistas movilizaron a la opinión pública protestante contra la esclavitud, o los predicadores del gospel social apoyaron políticas progresistas, o cuando los obispos católicos americanos publicaron declaraciones críticas sobre la disuasión nuclear o la justicia social». La inspiración religiosa de esas propuestas (incluidas las de los temas de familia, aborto, células madre, etcétera) es tan legítima como la inspiración ecologista, liberal o sindical. En el espacio público y en la sociedad civil, los creyentes deben ser bienvenidos y sus argumentaciones deben ser tratadas como las de cualquier otro. Expuestas a la crítica o a la adhesión, a la derrota o al éxito, pero, como observa Aréchaga, no excluidas del debate. Ése es el espíritu de la verdadera laicidad.

Uno de los errores del laicismo español es su tendencia a convertirse en una nueva religión. Su proclividad a sustituir la antigua teocracia por una nueva ideocracia. Una religión tal vez incompleta, sin Dios y sin vida después de la muerte, pero que quiere ocupar en las almas de los ciudadanos el lugar de una fe que entiende desaparecida o en trance de serlo. De ahí los intentos, por ejemplo, de diseñar unas Navidades laicas o sustituir las celebraciones cristianas (bautismo, primeras comuniones, matrimonios etcétera) por celebraciones civiles. Hoy algunos quisieran ejercer a través de la laicidad una suerte de fundamentalismo de la purificación social que arroja fuera del ámbito de lo público todo valor moral o religioso. Algo así -si se me permite parafrasear a Evelyn Waugh- «como un reloj que siguiera dando su tictac en la muñeca de un hombre agonizante».

Hace unos días no pude dejar de esbozar una sonrisa ante la fotografía del secretario de Organización del PSOE, José Blanco , junto a Howard Dean, el más izquierdista de los demócratas y el candidato a la Presidencia americana más laico desde Michael Dukakis. La verdad es que si el primero se refirió en algún momento a las «posiciones casposas» de los obispos, el segundo manifestó un sorprendente entusiasmo por frecuentar su Iglesia en cuanto se caldearon las primarias a las que se presentó. Y si comparamos al presidente Rodríguez Zapatero con el izquierdista Clinton, baste este dato: la ley estadounidense de defensa del matrimonio heterosexual de 1996, que sólo reconoce a efectos federales el matrimonio «como una unión entre hombre y mujer» lleva la firma del segundo; la ley española que autoriza el matrimonio de personas del mismo sexo fue directamente promovida por Rodríguez Zapatero.

Si pasamos al tema de la Religión en la escuela, no olvidemos que en 1995 la Administración de Clinton publicó unas directrices que prohibían a los funcionarios escolares impedir que los alumnos rezaran o hablaran de religión en la escuela. La Constitución , decía Clinton, «no obliga a los niños a dejar su religión a la entrada del centro». En fin, la gran esperanza de la izquierda americana para 2008, Hillary Clinton -la «nueva Pasionaria americana», según Micklethwait- es una entusiasta metodista que frecuenta más su Iglesia que el mismo Bush, también metodista, por cierto.

El contraste estriba, me parece, en que unos consideran la laicidad como algo positivo -de ahí su belleza- que garantiza un espacio de neutralidad en el que germina el principio de libertad religiosa y de libertad de conciencia. Para otros, la laicidad es un simple instrumento primordialmente diseñado para imponer una filosofía beligerante por la vía legislativa.

Esta última posición está en franco retroceso. Incluso los laicos europeos -y buena muestra es lo que sucede en Italia- están de vuelta, comenzando a hablar de «una religión civil cristiana» en la que se insertarían, entre otros, «valores cristianos como tolerancia, respeto a la vida humana y solidaridad». Algo que ayudaría a una Europa desgajada de sus raíces a salir de su actual crisis de identidad. Es la evolución que se observó en los últimos años del filósofo Norberto Bobbio, que está latente en Umberto Eco, y que explícitamente suscribe el ex presidente del Senado italiano Marcello Pera. Guste o no, Occidente parece estar redescubriendo las fuerzas que mueven la Historia.

Me da la impresión de que es un error de cálculo -el mismo error que se denunció respecto a los países del Este antes de la caída del muro- pensar que la religión está hoy out y el agnosticismo in. Como han demostrado Timothy Samuel Shah y Monica Duffy Toft, la religión ha movilizado a millones de personas para que se opusieran a regímenes autoritarios, para que inaugurasen transiciones democráticas, para que apoyaran los Derechos Humanos y para que aliviasen el sufrimiento de los hombres.

En el siglo XX, los movimientos religiosos ayudaron a poner fin al Gobierno colonial y a acompañar la llegada de la democracia en Latinoamérica, Europa del Este, el Africa subsahariana y Asia. Sin olvidar su verdadera función en política: convencer a los que tienen el poder de que están aquí hoy y no lo estarán mañana, y que son responsables ante los de abajo y también ante El de arriba. Una ocasión espléndida para recordarlo este comienzo del año 2007.

Para evitar malentendidos, añado: soy un fan del Estado laico, precisamente porque es el que garantiza a todos el espacio para proponer libremente su concepción del hombre y de la vida social. Pero si lo que pretende el Estado laico es imponer por vía mediática o legislativa la ideología propia de algunos gobernantes, entonces está dejando de ser laico: se transforma en Estado propagandista. Lo cual es no sólo una contradicción jurídica. Es, sobre todo, un ingenuo error”.

3

“Propóntelo, propónselo. Evitar el sida”

reseña de miguel ángel martínez , profesor de medicina preventiva y salud pública, en http://www.aceprensa.com sobre el libro Propóntelo, propónselo. ediciones internacionales universitarias (2006) 166 pg. 10 €

“Jokin de Irala es doctor en Medicina por la Universidad de Navarra y en Salud Pública por la Universidad de Massachusetts, y es profesor titular de Salud Pública. Es conocido por sus trabajos de investigación y publicaciones en lo que ahora se ha dado en llamar “salud reproductiva”. Por ejemplo, recientemente ha publicado, junto con Alvaro Alonso , en la revista “The Lancet” un valiente comentario editorial sobre la necesidad de optar por medidas que eviten el sida y no sólo pretendan reducir el riesgo. Cristina López del Burgo, doctora en Medicina, es profesora e investiga también en salud reproductiva en el Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra. Matthew Hanley es máster en Salud Pública y trabaja en el Catholic Relief Services, agencia oficial católica de ayuda al desarrollo.

Este breve libro afronta en un lenguaje claro y divulgativo los principales aspectos de la prevención de la transmisión sexual del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Al mismo tiempo que divulgativa, esta publicación es un ejercicio riguroso de medicina basada en la evidencia, como lo demuestra la abundante bibliografía (98 referencias, en su mayoría de revistas médicas), muy cuidada y actualizada (casi todas las referencias son posteriores a 2001), de modo que las afirmaciones se sustentan en estudios observacionales o experimentales publicados en revistas médicas solventes.

La estrategia ABC (“Abstinence, Be faithful, Condom”) está muy presente a lo largo del libro. No en vano el Prof. de Irala fue uno de los 140 firmantes del consenso que se publicó en “The Lancet” hace ahora dos años. En ese consenso se hablaba también del preservativo, pero en el contexto de personas de alto riesgo con una vida habitualmente muy promiscua.

Son muchas las investigaciones científicas realizadas en los últimos 25 años sobre las intervenciones para prevenir el sida. Curiosamente, se está dando una peligrosa separación entre quienes trabajan en salud pública con un mayor rigor metodológico (epidemiólogos) y quienes se mueven también en estos ámbitos con una función más burocrática o trabajan para hacer “marketing” social.

Este segundo grupo de profesionales suele ser más ruidoso y copa crecientemente la atención mediática en los congresos y conferencias sobre el sida. Especialmente lamentable es que la revista “The Lancet” parece haber decidido ahora dar el micrófono a los segundos (burócratas, diseñadores de campañas) y en cambio silenciar a los primeros (epidemiólogos) en una serie sobre “salud sexual y reproductiva” que está publicando desde principios de noviembre de 2006. En este contexto, no podía ser más oportuna la aparición del libro “Propóntelo, propónselo”.

Además de su valentía y claridad, una gran ventaja de los autores de este libro es su buena formación metodológica en epidemiología. El conocimiento más claro que se extrae de revisar y analizar críticamente la evidencia epidemiológica disponible es que sólo la promoción del retraso del inicio de las relaciones sexuales y la monogamia mutuamente fiel pueden evitar el avance del sida.

Ninguna campaña centrada en preservativos ha conseguido frenar la epidemia en ningún país. Sólo ha habido logros sustanciales allí donde se ha puesto el énfasis en el retraso de las relaciones sexuales para los jóvenes y en la fidelidad monógama para los adultos. Se presentan los estudios específicos dirigidos a valorar estas intervenciones basadas en estrategias de evitación del riesgo (frente a las que sólo se quedan en reducción de riesgo) en países como Uganda, Tailandia, Zimbabue o Estados Unidos.

En fin, el libro es un poderoso arsenal de argumentos con capacidad de llegar a todos”.

4

“La democracia de la confusión. Más allá de las palabras”

articulo de eduardo garcía peregrín, catedrático de la universidad de granada y académico, en el diario ideal Granada,

 jueves 21 de diciembre de 2006

“Parece ser que desde diferentes instancias oficiales estamos siendo sometidos a una ceremonia de confusión, como si estuvieran empeñadas en que el español medio no acabara de entender el significado de algunas palabras que, por lo demás, ya vienen definidas en el diccionario de la RAE o a través de su amplio uso científico.


Así, el proyecto de Ley de Investigación Biomédica, cuya discusión ha comenzado en el Congreso, presenta en su artículo 12 las siguientes definiciones «a los efectos de la presente ley»: embrión como «fase del desarrollo embrionario que abarca desde el momento en que el ovocito fecundado se encuentra en el útero de una mujer hasta los 56 días»; feto como «embrión con apariencia humana desde los 57 días del momento de la fecundación hasta el momento del parto», manteniendo para preembrión la misma definición que la Ley 14/2006, es decir, «el embrión in vitro constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva del ovocito desde que es fecundado hasta 14 días más tarde».


De acuerdo con estas definiciones, el desarrollo embrionario natural comprende la etapa de embrión desde la fecundación hasta los 56 días y la etapa de feto a partir de esa fecha. Conscientes de que el término preembrión no tiene ningún sentido biológico, esta definición la hace «a los efectos de esta ley», es decir, que se permite dar y utilizar una definición de un término biológico sólo para legislar. Además, al definirlo como «el embrión in vitro », lo considera como un embrión pero diferente del obtenido in vivo tras un proceso de fecundación natural en el útero de una mujer, para el que no propone ningún otro término. El preembrión es, por lo tanto, un tipo de embrión pero de menor categoría que el normal, como si llamándolo de otra manera, se pretendiera permitir su fácil manejo sin crear mayores problemas.


Ante esta situación podemos preguntarnos: ¿Cómo llamar al ser vivo de la especie humana en la etapa del desarrollo embrionario comprendida entre la fecundación y el final de su implantación a los 14 días? Se llamará embrión si se ha obtenido in vivo, mientras que se llamará preembrión si se ha obtenido in vitro. En este caso, será sólo «un grupo de células», es decir, algo fácilmente manipulable sin suscitar problemas.

Pero ¿cómo llamar al preembrión obtenido por fecundación in vitro cuando se implante, como es normal, antes de los 14 días? ¿Seguirá siendo preembrión hasta que ‘cumpla’ 14 días, pero a la vez será embrión puesto que ya se encuentra en el útero de una mujer? La confusión está servida. Este es el resultado del empeño en llamar con otro nombre a algo que ya tiene el suyo propio.


La misma Ley de Investigación Biomédica, al hablar de «investigación con muestras biológicas de naturaleza embrionaria» permite «la activación de ovocitos mediante transferencia nuclear para su uso con fines terapéuticos o de investigación». Con este nombre considera a la técnica mal llamada clonación terapéutica, pero evitando nombrarla por su nombre, quizás para no levantar demasiadas sospechas e intentando ‘pasar de puntillas’ sobre un tema excesivamente escabroso en el estado actual del conocimiento científico. No obstante, el resultado de esa ‘activación’ lo incluye entre las muestras de naturaleza embrionaria -y, por lo tanto, relacionadas con el embrión- que pueden ser utilizadas para la obtención de células troncales o ‘células madre’ como vulgarmente se las conoce.


A este respecto, es curioso señalar que entre las numerosas definiciones que establece la Ley no aparece la de célula troncal o madre ni tampoco la de clonación. ¿Por qué? ¿Es que no interesa su definición clara para mantener la confusión?

El Director del Banco de Líneas Celulares de Granada mencionaba hace unos días a este mismo diario que «no hemos sabido transmitir qué es en realidad una célula madre embrionaria humana». Quizás para ayudar a solucionar este problema la definía como «una célula madre que se obtiene desde las doce horas de la fecundación in vitro hasta el cuarto o quinto día. En esta fase, que es claramente prefetal (sic) contamos con un grupo de 16 células, sólo con eso».

Una definición más aceptada en el mundo científico considera como célula troncal a cualquier célula no especializada con capacidad de autodividirse y de especializarse. Dentro de ellas, las embrionarias son las pluripotentes que se obtienen de la masa celular interna del blastocisto.

¿Quiere esto decir que en la etapa de blastocisto (4-5 días) existen sólo 16 células? ¿Es una de estas 16 células lo que se implanta después en el útero de una mujer? Considero que estas y otras declaraciones semejantes deben ser mucho más matizadas. A este ‘algo’ que se maneja para obtener células madre y/o para su implantación en el útero es a lo que la Ley llama preembrión y a lo que la literatura científica conoce con el nombre de embrión, de dos, cuatro, dieciséis células, etc., preimplantatorio si se quiere llamar así, pero siempre embrión.


Evidentemente, el progreso de la ciencia ni se debe ni se puede detener. Pero una vez más tendríamos que recordar la gran máxima de que no todo lo técnicamente posible es éticamente aceptable. Hoy más que nunca hay que tener las ideas muy claras. Para ello, es urgente una mayor formación cultural a todos los niveles, y esto sólo se logrará si nos empeñamos en explicar las cosas tal como son y no disfrazándolas bajo otros nombres.

Puesto que el lenguaje científico puede resultar difícil de utilizar y de entender, siempre debe emplearse con la suficiente precisión para no contribuir a aumentar la ceremonia de la confusión a la que, por lo visto, estamos abocados en la España actual”.

5

“¿Por qué precisamente cristianismo?”

comentario de louis de whol, escritor, en http://www.conoze.com

“¿Por qué precisamente cristianismo? ¿Por qué no budismo? ¿Por qué no mahometismo o cualquier otra religión? ¿Acaso se puede afirmar seriamente que una religión es mejor que otra? ¿Y no se trata en definitiva de una cuestión meramente geográfica?

Si yo hubiese nacido en La Meca, Mascat, Sidi Bel Abbes o Suez, sería mahometano. Si hubiese nacido en Kioto o Nagasaki sería o bien sintoísta o un budistazen, y si en Calcuta o Madras probablemente hindú. Y si hubiese nacido en África Central entre los pigmeos, creería en los dioses de los pigmeos. ¡Sin ninguna duda! Y si hubiese nacido tras el telón de acero, digamos en Stalino o Irkutsk, sería probablemente ateo, porque habría sido educado como tal.

¿Puede decirse por eso que el ateísmo es una religión tan buena como la cristiana? Empezamos pues ya a cualificar, a comparar, y eso está bien. Pongámonos de acuerdo en que existen religiones «más elevadas» y «más inferiores». El Islam es una religión más elevada que la creencia en el dios serpiente. El budismo está muy por encima de la creencia en el dios satánico de los indígenas australianos. Existe, pues, una serie de religiones muy elevadas. No nos basta el accidente casual geográfico de nuestro nacimiento.

¿Por cuál de ellas nos decidiremos? La base de nuestra decisión está clara: será la verdad que contenga. Pero para comprobar la verdad que contiene cada una de las religiones necesitaríamos toda una vida. ¿No habrá otro medio más rápido, pero seguro? Afortunadamente existe. Hay una sola religión cuyo fundador se ha llamado a sí mismo Dios. Ni Mahoma, ni Buda, ni Moisés ni Zoroastro, ni Confuncio ni Laotsé pretendieron ser dioses. Sólo Cristo reivindicó este título («Yo y el Padre somos Uno». «Quien me ha visto a Mí, ha visto al Padre», y muchos otros pasajes).

Esto simplifica nuestra búsqueda. Ahora ya sólo se trata de aclarar una cosa. ¿Está o no está justificada esta pretensión increíble? Si no lo está, entonces no sólo podemos, sino que incluso debemos rechazar el cristianismo; pues si un hombre afirma que es Dios y no lo es, no puedo seguirle. Pero si su afirmación demuestra ser verdadera, si el hombre Jesucristo era Dios, entonces cada una de sus palabras es ley; ser cristiano es una necesidad absoluta, y ninguna otra religión más que el cristianismo puede ser tenida en cuenta”.

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