Con la mano en el hombro de su nieto

Reproduzco a continuación el artículo que redacta el abuelo de un alumno mío tras participar como padrino en la Confirmación del mismo. Me llama la atención del escrito la sencillez con que expresa sentimientos tan arraigados como pueden ser los de cualquiera de nuestros abuelos. Y aprovecho (como los que saludan en la radio y en la tele), para dedicarle el artículo también a los míos -aunque no pudieron ser mis padrinos de Confirmación-.

Jesús Vélez

Con la mano en el hombro de su nieto
    Mi viejo amigo el marinero quiso que le acompañara, el martes pasado, a la Confirmación de su nieto Javier. Es es más joven de sus nietos y vive en Algeciras, aunque nació en Cádiz y muy cerca de la casa del abuelo. Fue su padrino de Bautismo y ahora, a pesar de los muchos años de mi amigo, también se ha apuntado a éste porque cree que no llegará a serlo de su boda, todavía lejana y en la que nadie piensa. Mi viejo amigo y yo hemos vivido, siempre, muy unidos y sus inquietudes y forma de pensar las conozco como si fueran las mías. Me dijo que estaba nervioso porque tenía que acompañar a su nieto ante el Señor Obispo, con su mano derecha puesta sobre el hombro izquierdo del nieto y todo ello sin decir una palabra. Aunque mi viajo amigo habla poco, eso de no decirle nada al Señor Obispo no le gustaba. ¡Qué menos que saludarle y presentarle al nieto!
 
    La ceremonia, dentro de la Santa Misa, tuvo lugar en la Capilla del Colegio Monte Calpe, y yo veía a mi viejo amigo muy pensativo. En un aparte me dijo que notaba la falta de la abuela, que falleció el 1 de Noviembre último, y que él, sólo, no sabía cómo comportarse en un ambiente que todo rezumaba alegría. Tienes que hacer un esfuerzo muy grande, en el que pongas tu vida y la de ella. ¿Quién mejor que tú para llevar en tu corazón a la que fue el ideal de tu vida? Eso se lo tienes que hacer ver a tu nieto en el acto de la Confirmación de su Fe Cristiana y seguro que lo harás como siempre lo has hecho; a tu estilo y con pocas palabras pero con firmeza y sin dejar lugar a dudas. El agachó la cabeza, como asintiendo a lo que le había dicho aunque le oí musitar algo así como que al Señor Obispo tenía que decirle algo. No estaba muy conforme con eso de estar “mano a mano” con él y ni siquiera decirle algo de lo que llevaba en su alma.
 
    Al fin llegó el momento en que tuvo que ponerse al lado de su nieto y caminar hacia el pie del altar. Se irguió todo lo que pudo y con la mano bien apretada sobre el hombro izquierdo de su nieto fue avanzando, paso a paso, hacia la culminación de la emoción que llenaba su corazón. A través de su mano iba dejando en su nieto más joven toda su vida; no faltó nada de ella, ni de lo bueno ni de lo que no lo era tanto, de sus horas felices y también de las de sufrimiento y pesar ante la desgracia, que de todo ello hay en la vida y eso conviene que lo sepa quien empieza a vivir la suya con más responsabilidad. Esa mano era caricia y llamada a la fortaleza de la Fe; era afecto y llamada a la firmeza en la defensa de la Verdad; era, en fin, casi una despedida en la que se funden la emoción del cariño hacia el pasado con la esperanza de un recto saber hacer en la edad que ahora empieza a crecer en su vida. Todo lo resumió mi viejo amigo en una breves palabras que, al fin, le dirigió con cierto orgullo de abuelo al Señor Obispo: éste es mi nieto.
 
    El Señor Obispo le correspondió con una mirada de comprensión y una sonrisa de afecto. ¡Cómo no iba a apreciar lo que significa el que un abuelo llegue hasta él con orgullo y esperanza de vida noble para su nieto! Un apretón de manos selló esa inteligencia y mi viejo amigo, el marinero que sabe de las asperezas de la mar, de dijo que había sido feliz con la mano en el hombro de su nieto. No se le olvida ni uno sólo de los momentos que vivió en ese acto. Se siente más abuelo que nunca y no para de pensar en tantas y tantas cuestiones – pequeñas y grandes – habidas a lo largo de su vida. Ahora, que a vuelto a casa y, por ello, a estar solo, tiene más tiempo para pensar y hay horas que le resultan cortas mientras que otras discurren lentas porque están llenas de una gran carga de emoción. Por supuesto que nunca olvidará lo que ha supuesto para él, con todo fundamento, ese corto caminar hacia el pie del altar con su mano derecha en el hombro izquierdo de su nieto más joven, Javier.
 
    Él, mi viejo amigo el marinero, está feliz y no es para menos. Yo no pienso apartarme mucho de él, pues esa felicidad es de la buena, de la que conviene hacer acopio para hacer frente a esa tristeza que con frecuencia suele invadir a cualquiera cuando aprecia tanta absurda sinrazón que anda suelta por cualquiera de los caminos de la vida. Regalar toda la felicidad posible es lo mismo, más o menos, que dar de comer al hambriento.
Manuel de la Hera Pacheco.- 19 Abril 2012

¿Qué es comunicar?

El post que leí esta mañana en el blog de José Manuel Rodríguez, me hizo buscar una funda de plástico (eso ahora queda muy vintage, pero es lo que haydos hojas que saqué del blog de @perezlatre que contenían 20 ideas sobre qué es comunicar.

Para no repetirme, aquí los enlaces: parte 1 y parte 2.

Esas dos hojas estaban en la funda vintage porque me sirvieron de compañía en una tarde en que con dos amigos estuvimos hablando sobre la comunicación en un conocido bar sevillano (la publicidad no es gratis). De aquella tertulia surgieron las siguientes ideas:

  1. Comunicar es aprender juntos
  2. Comunicar es descubrir nuestra parte social y reconocernos en los demás
  3. Comunicar nunca es manipular
  4. Comunicar es avanzar juntos
  5. Comunicar es ver con mil ojos
  6. Comunicar es humanizar el saber
  7. Comunicar es enriquecer y enriquecerse
  8. Comunicar es trasmitir la parte de verdad que alcanzamos y recibir la que alcanzan otros
  9. Comunicar es tender una red en la que se enriquece el saber y el afecto.

Ahí quedó. Producto de un largo debate regado por cerveza y con banda sonora flamenca. Así cualquiera. Y mejor, si son amigos de verdad.

 

Jesús Vélez

Cuando vivir no era resumir.

Cuando vivir no era resumir..

 

Interesante artículo de un (todavía) alumno, del que dentro de muy poco tendremos mucho que aprender.

 

Jesús Vélez

La tertulia

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Llegan etapas en la vida en las que el tiempo para aficiones escasea, las lecturas desaparecen… Son momentos en los que el trabajo tiende a expandirse en los huecos “libres” del horario, ya no hablas de orden, sino de productividad, buscas formas de organizar mejor los pocos espacios blancos que quedan en el horario y los milagros del GTD tardan en llegar.

Son momentos, en definitiva, para disfrutar más, para sacar provecho de un rato de charla con la familia, una cerveza con un amigo, o quizá aprovechar para llamar a esa persona importante y con la que llevas tiempo sin hablar.

Ya no escribes, apenas, sobre lo que te gusta, sino que escribes lo que tienes que escribir por motivos profesionales. Sin que me oiga Álvaro, me temo que en muchas ocasiones ponemos un mail al que está en el despacho de al lado para no perder el tiempo en levantarnos de la silla.

Y podría seguir describiendo la situación, pero como resulta conocida para tantos, ahí me quedo.

Uno de los asideros que ayudan a que no nos dejemos engullir por el remolino (repito, hay varios, y éste no quizá no sea el más eficaz, pero a mí me sirve) es la lectura. Pero la lectura de esos libros que enseñan a vivir una vida buena, que enseñan a conocer mejor el género humano, libros que requieren la acción del intelecto y de un lápiz para sacarles todo su jugo y que así realmente nos mejoren como personas. Quizá incluso nos atrevamos con algún ensayo bien recomendado y mejor elegido.

Una de las temáticas más suavizantes y agradables para conversar con amigos y colegas del trabajo, es precisamente ésta: los libros. ¿O es que siempre ibas a hablar de lo mal que está el mundo, del paro, de las manías de tu jefe? Hablar de fútbol, de coches, motos, mujeres, etc. tiene un límite. Si tomamos como eje central de la tertulia al ser humano, o un libro, aquello puede incluso hacernos descansar. Y mejor no mires el reloj, porque acabarás tarde.

Sobre la tertulia podría escribirse mucho, y decirse -como siempre- aún más. Pero continuamos con una cerveza fría por delante, o un café si lo prefieres.

Jesús Vélez

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